Martín Vizcarra tenía hasta cuatro caballos en la carrera, entre los cuales podía elegir uno para ayudarlo a ganar. El modo de hacerlo desde el gobierno es archiconocido: portátiles, ómnibus, camionetas 4×4, información de sondeos electorales y temas locales políticamente rentables. Todo fina cortesía de los contribuyentes.

Ni siquiera era indispensable escoger. Las circunstancias decidirían cuál de los cuatros jinetes apocalíticos sería el indicado: ¿Guzmán, Urresti, Forsyth, Salaverry?

¿Una vez fuera del gobierno es imposible ejecutar ese plan? Falso. Sigue siendo posible si quien está en el gobierno –no en el poder, como se ve- es amigo. Como Sagasti.

Y las circunstancias ya han hecho el trabajo. En el curso de los días, el Zorro moqueguano ha constatado que Forsyth tiene potencial, pero está crudo todavía. Es demasiado joven aún. El Moradito, por su lado, simplemente no da la talla. Como dice Butters, es un holograma, no existe, hay que estarlo inventando y proyectando constantemente. E investigarán supuestas cuentas suyas de su campaña anterior.

Urresti, de un tercer lado, es un candidato formidable, pero tiene serios problemas con el caballo. Su mentor, el empresario universitario y congresista José Luna corre peligro de que se anule la inscripción del caballo y aun de que se cometa, también contra él, el abuso de una prisión preventiva que heriría de muerte la candidatura de su campeón.

En suma, al Zorro solo le queda Salaverry. Y ahí lo tenemos matriculado en su lista congresal. Van juntos a todas partes. Todos saludan a Vizcarra. Nadie conoce a Salaverry. No importa. El ex presidente piensa que puede hacer presidente a Salaverry.

El cogollo detrás de todo esto –el Foro de Sao Paulo, ese perfume rancio que se vende en La Habana-Caracas-México-Buenos Aires-La Paz- y el billete local que lo respalda ya le ha bajado el dedo a los otros tres caballos. Ya se lo había bajado antes a la Verónika radical que adula a Caracas sin provecho y, desde luego, a Arana que sigue envuelto en su misterio doloroso.

El Foro estudia su estrategia con el Zorro y el actual ocupante precario del Sillón a quien, sin embargo, su honor no le permite e insiste, porque es buena persona, en la necesidad de respetar las formas. Emite, en consecuencia, ruidos y normas sobre la indispensable neutralidad electoral de los funcionarios públicos en el recojo y destino de la información local a nivel nacional.

Tampoco el agazapado Zorro de abajo las tiene todas consigo. Su postulación al Congreso en busca de inmunidad parlamentaria puede terminar quitándosela a todos los congresistas, tal como él mismo proponía antes. Y Salaverry, candidato del Foro por ahora, puede terminar en el fiasco como los otros caballos que ruedan por la pista de carrera.