Aún no tengo confianza en que habrá elecciones generales el 2021; si se llegara a la votación, ¿habrá garantías de transparencia y antifraude?; y ¿ tienen calidad ético – moral los postulantes?

Expresadas estas dudas esenciales, advierto un asunto medular: lo que se decida esta vez en las urnas no es una simple alternancia del poder en un país con democracia disfuncional.

La bonanza fiscal terminó. El Perú llega al bicentenario de su independencia destrozado, sin sólida institucionalidad republicana, con un sistema político y social pegado apenas por el temor colectivo a una pandemia de término incierto y a una economía que tardará mucho en recuperarse. Las encuestas manipuladas y la prensa vendida no reflejan la realidad de una nación donde menos del 30% entiende medianamente el orden constitucional y trata de cumplir las leyes. Tres cuartas partes de los peruanos viven en la informalidad económica, no están bancarizados, no están integrados a los circuitos políticos, ideológicos y de valores sociales de una república agónica. El voto principal será nuevamente de jóvenes que dejan de ser millennials y se están convirtiendo en “sin – sin” (sin trabajo, sin estudio). La campaña será brevísima y esencialmente en las redes sociales que, en sus plataformas de no divertimento, solo llegan a poco más de un 25% de los peruanos.

En esta precariedad el discurso político tiene que reinventarse. Vizcarra se ha encargado de despreciar al pueblo y culparlo por la pandemia; de modo que el primer reto es reintegrar a todos los peruanos como una nación, no mantenerlo como un pueblo disperso.

Contra el simplismo de algunos, otro reto urgente no es material, sino afrontar con entereza el conflicto ideológico y político para frenar a las peores amenazas disociativas del siglo XXI, el marxismo cultural, el globalismo y todos sus derivados como la ideología de género y el pensamiento único que buscan eliminar desde el concepto esencial de la familia peruana, hasta someter la soberanía a manos de la justicia supranacional (caso del Acuerdo de Escazú).

Solo cuando esto esté claro se podrán formular las propuestas para reconstruir la economía y devolver orden y sentido de futuro a un país que el populismo y las ONG de Soros casi han demolido del todo.

¿Entenderán los arqueritos de fútbol, los tecnócratas puros, los rectores plagiarios, los señoritos populistas y toda la ralea de nuevos y viejos politicastros de qué se tratan estas elecciones?