En la historia de la corrupción, la captura del Ministerio Público, por parte de los gobernantes de turno, ha sido clave y determinante para poder gozar de lo robado o de terminar sus días en la cárcel. Sin duda, el panorama actual es el más negro en la Fiscalía, pues vimos cómo la fiscal de la Nación blindó de forma descarada a Martin Vizcarra y ahora lo hace con Francisco Sagasti, el tristemente célebre encargado de la Presidencia de la República. Pero eso no es lo peor, cuando creemos que ya no podemos ver más podredumbre, tenemos a un Congreso humillado y burlado. Zoraida Ávalos fue citada ante ellos y les mintió con sorna y no hicieron nada, no tuvieron siquiera la capacidad de repreguntar. Además de haber realizado un pésimo interrogatorio, se evidenciaba a unos congresistas totalmente desinformados. Todo lo que respondió fue falso, y ellos no tuvieron ningún recurso para evidenciarla, es más, luego de haberla llevado al Congreso a malas, prácticamente la fiscal de la Nación les dijo no me molesten y ellos allí quedaron, inútiles para el ejercicio de las atribuciones conferidas por la Constitución Política.

Nunca un fiscal de la Nación fue tan a la medida de los gobernantes, pero peor es el tipo de congresista que tenemos hoy, siendo los únicos que tienen la atribución para destituirla. Ambas partes son y serán cómplices, responsables y funcionales para que gobernantes cuestionados por graves actos de corrupción se perpetúen en el poder. Sigan así, hasta que sean elegidos nuevamente, seguro al ocurrir eso comenzarán a realizar apresuradas acciones para aparentar una persecución de la justicia que nunca existió.