La turbiedad, la confidencialidad y/o el secretismo son recursos de negociación que, de manera directa, derivan en corrupción. Por eso fue que denunciamos esa tenaz insistencia del presidente Sagasti por ponerle el sello SECRETO al convenio firmado con la empresa china Sinopharm para adquirir 38 millones de dosis de la vacuna oriental anti covid. Lo denunciamos desde el principio, porque el modus operandi reunía todas las características de un gran negociado. Peor aún, tenía el sello de una concertación tras la cual se escondería una trampa bajo la mesa. Hecho de por sí reprobable. Porque en la actual tesitura significaría que las más altas autoridades de la nación -encabezadas por Sagasti- se habrían puesto de acuerdo con los productores de la vacuna china Sinopharm para pactar una compraventa dolosa, cuya consecuencia evidente sería el desfalco de dinero fiscal para el pago de comisiones. Como informase recientemente EXPRESO, “Insistir en firmar un contrato por un total de 38 millones de vacunas de Sinopharm, a pesar de que la empresa china aún no cumple los trámites necesarios, podría ser producto de negociaciones irregulares con vicios de corrupción, según señalaron varios congresistas de la República”. Hablamos de US$760’000,000 que Vizcarra obligó al Estado a pagarle a la empresa china, por las vacunas menos eficaces y más caras del mundo. Un crimen social que se agrava por el hecho de la gravísima coyuntura que atraviesa el Perú, víctima de la traición no de uno, sino de dos mandatarios. Es un hecho que, desde marzo a la fecha, doce meses, Vizcarra y Sagasti nunca proveyeron de plantas de oxígeno, respiradores mecánicos, camas UCI, etc., al sistema nacional de Salud, impidiéndole que atendiese a los peruanos víctimas de covid. Y todo indica, repetimos, que los desabastecieron adrede. Las circunstancias así lo revelan. Por lo demás, no existe una sola explicación sólida y concluyente en contrario. Hagamos memoria. Desde marzo 2020 hasta ahora hemos soportado dos olas asesinas de contagios previsibles. Pero los hospitales públicos continuaron absolutamente desabastecidos de elementos estratégicos para tratar al ciudadano. Una abominable temeridad que hasta el momento ha producido el fallecimiento de más de ciento veinte mil connacionales.
Pero Vizcarra no sólo habría recurrido al secretismo para estafar al pueblo mediante contratos “confidenciales”. Como el de las vacunas de la vergüenza. Asimismo, alentó a los fiscales Pérez y Vela a pactar un arreglo secretísimo con Odebrecht, condonándole todos sus crímenes socio-financieros a cambio sabe Dios de qué multimillonaria retribución. Lo decimos en condicional, porque se trata de un pacto secreto cuyos efectos están a la vista. Odebrecht hace y deshace y, como contó un ministro pepekausa, sigue “poniendo y sacando a presidentes”. Recordemos que Vizcarra complotó intensamente para capturar el Ministerio Público en plenas negociaciones de ambos fiscales con la constructora. Recordemos, también, que Vizcarra abandonó una invitación oficial en Brasil, volando desesperadamente a Lima para vacar -lo dijo ante la prensa- al entonces Fiscal de la Nación, y colocar en su reemplazo a alguien de su confianza. De quien justamente dependen Vela y Pérez.

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