No recuerdo el título del libro ni su autor, pero sí su dedicatoria: a mi madre, que me contaba cuentos. Y es que, en efecto, la madre como nadie está asociada a la remembranza de los cuentos infantiles, aquellos que no se olvidan nunca. Hay otros cuentos también y a ellos se ha referido magistralmente el poeta León Felipe en su célebre poema: “Yo no sé muchas cosas, es verdad/
Digo tan sólo lo que he visto/ Y he visto/ que la cuna del hombre la mecen con cuentos/ que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos/ que el llanto del hombre lo taponan con cuentos/ que los huesos del hombre los entierran con cuentos/ y que el miedo del hombre…/ha inventado todos los cuentos.” Joseph Campbell, en su libro El Héroe de la Mil Caras, escribe: “Lo asombroso es que la eficacia característica que conmueve e inspira los centros creadores profundos reside en el más sencillo cuento infantil, como el sabor del océano está contenido en una gota y todo el misterio de la vida en el nuevo de una pulga.” Los cuentos infantiles hablan a nuestro profundo inconsciente, allí en donde perviven las mitos legendarios de la humanidad, la misteriosa psique con todos sus misterios. Cuando nuestra madre nos narraba la historia de la Bella Durmiente a quien el príncipe despierta con un beso, seguramente ignoraba que ese beso despertó al mundo pues la bella había sido hechizada para un sueño eterno por una bruja celosa que igualmente hizo dormir todo en su derredor: las hojas de los árboles, los pajarillos del bosque, las gotas del agua de la fuente…todo, hasta que el príncipe de la eternidad la trajo de vuelta de ese insondable sueño. Los versos de León Felipe tienen un doble significado. Por un lado se puede entender que el ser humano es engañado por el poder político, religioso, moral y que es ese su destino en cuanto insignificante creatura del universo. Pero también puede entenderse en el sentido de lo que afirma Campbell: el ser humano es prisionero de su psique, de los mitos que ella ha construido desde los albores de la humanidad. Entonces ambos pueden concordar en que cada hombre y cada mujer tienen su panteón privado y que allí yacen dormidos pero no muertos, Edipo Rey, Sherezade, los toros mitológicos, las vírgenes, las hadas…
En la lógica de los cuentos todo es posible, porque son infinitos, como las Mil y Una Noches, en donde Una significa, muchas, demasiadas, todas. Todo lo que el hombre o la mujer hacen- dice Mircea Eliade- ya se hizo alguna vez, o, en el peor de los casos, se hizo “en aquel tiempo”. Los cuentos son evoluciones de algo que pasó en la psique de algún antepasado y de allí fue construyéndose, transformándose, hasta una versión que, por cierto, no es la última sino una más, la que nos contó nuestra mamá, la que nosotros contamos a nuestros hijos.
Cualquiera podría decir: Yo no sé muchas cosas, es verdad. Digo tan sólo lo que he oído….

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