“La verdad se abre paso”. Busqué el origen de esta expresión y no lo conseguí expresamente aunque sí alegóricamente, en el episodio narrado en el evangelio de San Lucas (Luc, 4, 21-30) cuando Jesús enseñando en la sinagoga hizo recordar el contenido de las Escrituras que habían olvidado o desdeñado sobre todo los líderes religiosos, lo que hizo enfurecer a éstos al punto que instigaron para que el Salvador fuera llevado al borde de un abismo para despeñarlo, pero Jesús, que es la Verdad y la Vida, “…pasando por medio de ellos, siguió su camino…” ¡La Verdad se abrió paso en medio de la injusticia, el desorden y la violencia!

Cambiando lo que haya que cambiar, algo así ha sucedido en las últimas semanas en que la verdad se ha abierto paso en medio de una multitud de personas y hechos llamados a ocultarla.

Así, hemos conocido a cabalidad uno de los episodios más repulsivos de la historia política del país, ocurrido en medio de una pandemia que le cuesta la vida y salud a centenares de miles de peruanos y la pérdida de su empleo y calidad de vida a muchos millones más. El expresidente Vizcarra es mostrado en toda su incapacidad moral, aprovechándose del cargo para beneficiarse él y su entorno familiar, funcional y político.

Más allá de las consecuencias futuras de orden legal que se deriven de la conducta puesta al descubierto, lo cierto es que de inmediato debe corregirse todo aquel tinglado que el inmoral permanente y sus aliados montaron cuando éste fue vacado aquel histórico y premonitorio 9 de noviembre de 2020, por 105 votos congresales.

Producida la vacancia y encargada la función presidencial de la República al presidente del Congreso elegido en marzo de 2020, se lanzó contra éste y los restantes 104 congresistas un acoso lindante con la barbarie por medio de la prensa adicta (con prebendas) al expresidente, de ejércitos de troles sospechosos de ser financiados desde el Poder Ejecutivo, de activistas que usaron las redes sociales para agredir con mensajes procaces y hasta pornográficos y con amenazas de agresión física a los congresistas, a sus familias y sus viviendas.

Salieron y sacaron a las calles en plena pandemia a miles de personas buscando la reposición del vacado y la deslegitimación del nuevo gobierno, incluso provocando muertes para lograr su objetivo. Y consiguieron mediante tal acoso la renuncia de la Mesa Directiva del Congreso y la caída del gobierno transitorio iniciado el 10 de noviembre.