Ahora están quedando en evidencia muchos partidarios de las dictaduras socialistas del siglo XXI que fingían ser demócratas. Ellos se opusieron al gobierno de Alberto Fujimori arguyendo que era una dictadura, pero en realidad lo rechazaban porque privatizó las empresas estatales, reinsertó al Perú en el sistema financiero internacional y promulgó una Constitución que defiende el libre mercado.
En realidad, no son demócratas. Algunos apoyan, respaldan y toleran las dictaduras cuando son socialistas y comunistas. Simpatizan con Cuba y Venezuela y buscan muchas maneras de justificar sus regímenes corruptos y despóticos. Defendieron a Evo Morales que se quedó trece años en el poder y pretendía perpetuarse indefinidamente hasta que fue derribado por la indignación popular.
Algunos ahora se alinean con Pedro Castillo y Vladimir Cerrón que no ocultan sus afanes dictatoriales. El corrupto ex gobernador de Junín lo ha dicho abiertamente, ellos quieren hacerse del poder para no dejarlo nunca, como en Cuba y Venezuela. Castillo repite que lo primero que van a hacer es cambiar la Constitución, como hicieron Hugo Chávez y Evo Morales. Y sus congresistas electos afirman que lo van a realizar por medios ilegales, disolviendo el Congreso y convocando a una Asamblea Constituyente con mayoría de organizaciones populares, es decir, con las que ellos controlan, con “organismos generados”, como pregonaba Abimael Guzmán.
No disimulan su desprecio y rechazo a la libertad de prensa, expuesto descaradamente en su plan de gobierno y declarado explícitamente por una de sus congresistas electas en el programa de Beto Ortiz en Willax TV.
Sus intenciones estatistas tampoco están escondidas ni en su programa ni en sus expresiones públicas.
Guillermo Bermejo, congresista electo acusado por terrorismo, dice que si llegan al gobierno van a expulsar a la DEA, la agencia antidrogas norteamericana que apoya a la Policía Nacional en la lucha contra el narcotráfico. Lo mismo hicieron en Venezuela, convertido hoy en un narcoestado. (Ver “¿Rumbo a un narcoestado?”, “El Reporte”, 25/4/21).
En suma, hay pocas dudas de lo que esperaría al Perú si cae en manos de la alianza entre el Movadef –Sendero Luminoso de Guzmán- y los agentes de Venezuela y Cuba representados por Cerrón y buena parte de sus congresistas electos.
Ante esta perspectiva, otros de los partidarios del socialismo del siglo XXI se encubren con disquisiciones sobre la supuesta amenaza que significaría Fuerza Popular y fingen ponerse al medio, ni con uno ni con otro. Como es obvio, si un candidato va adelante según las primeras encuestas publicadas, esa aparente neutralidad que se concretaría en votos blancos o nulos favorece al que las encabeza.
En medio de la más grave crisis del Perú en más de un siglo, fingir neutralidad frente a un candidato que claramente trataría de imponer una corrupta dictadura socialista, y que no tiene ninguna propuesta ni equipo para solucionar la pandemia, ni el desastre económico, ni ningún problema, los desenmascara.

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