Cayó el ex fiscal de la Nación, Pedro Chávarry; Alberto Fujimori ya está de vuelta en prisión; el Congreso está a punto de debatir el dictamen sobre la Ley Orgánica de la Junta Nacional de Justicia (JNJ). Se van acabando los ‘cucos’ y es evidente que en nuestro país se viene un reacomodo no solo de las fuerzas políticas sino también, y sobre todo, de las fuerzas sociales.

Es hora de dejar de mirar para atrás como la mujer de Lot en el relato bíblico. Para ponerlo en términos más políticos y actuales, cito una frase que leí hace poco en una entrevista a Lech Walesa: “Siempre nos acordamos de la guerra, de la revolución, y estamos mirando atrás y así no se puede construir. Tenemos que dejar que los jóvenes participen y ayudarlos”.

Tiene toda la razón del mundo este legendario sindicalista de Solidaridad y expresidente de Polonia. Hay que empoderar a los jóvenes. El Gobierno ha establecido diferentes ejes para los próximos años, especialmente con la mira puesta en el Bicentenario (que ya está a la vuelta de la esquina). Pero vemos con pena que no considera prioritarios proyectos que involucren a la juventud.  ¡Más de 8 millones de compatriotas, el 25 % de nuestra población,  no son tenidos en cuenta por el Ejecutivo!

Tampoco veo que los jóvenes estén considerados en la agenda del nuevo alcalde de Lima. El Sr. Jorge Muñoz ha señalado que prioriza la lucha contra la inseguridad y contra la corrupción, pero creo que omite, al igual que el Gobierno Central, un aspecto fundamental, un eje importante de toda política pública: que sean los jóvenes quienes asuman el liderazgo de estas políticas con su capacidad para la innovación y su mayor habilidad tecnológica. Y lo más importante, con esa fuerza y entusiasmo con la que aspiran transformar nuestra sociedad.

No hay mejor valor agregado en un país que su juventud. ¿Cuántos ministros jóvenes hay en el gabinete? ¿Cuántos funcionarios jóvenes tienen en la Municipalidad de Lima? ¿Y los gobiernos regionales?  Hay que empoderar a los jóvenes y verán cómo ellos replantean la visión de país. Ese es el significado profundo de la conocida frase de González Prada.