¡De haber muerto abimael guzmán, debe estar revolcándose de felicidad! Aunque para este escriba, la noticia continúa sin confirmar por la sospechosa conducta del régimen Castillo. El Ejecutivo se ha desligado del asunto, cediéndole los trastes a la Fiscalía. Por ejemplo, para la entrega del supuesto cadáver. Al respecto, diversos congresistas se constituyeron en la sede chalaca del Ministerio Público para constatar el suceso, exigiendo ver el cadáver. Sin embargo la Fiscal de la Nación, la incombustible Zoraida Ávalos, lo denegó. De ser cierta la versión de su muerte, este matarife de inocentes habría partido rumbo al sétimo infierno del Dante, satisfecho por el “deber cumplido”. Primero, porque habría fallecido el día en que se conmemoraba el ataque a las Torres Gemelas en Nueva York, perpetrado por su émulo Bin Laden. Segundo, porque pudo ser testigo de que, finalmente, coronó su sueño viendo a sendero en la cima del poder “democrático”, cogobernando gracias a un jurado electoral presidido por un comunista que convalidó una elección rodeada de serísimas sospechas de fraude.

El cogobierno del senderismo con el clan Castillo, Cerrón, Bellido, Boluarte y Bermejo, es manifiesto. Llenaríamos una página con las categóricas pruebas que lo corroboran. Una más. Su terquedad por mantener como ministro de Trabajo a un imputado por la Dircote de haber participado en actos de terrorismo, fuera de evidencias respecto a su cercanía al movadef; y/o su talante totalitario proactivo, registrado en sendos eventos clasistas. Volviendo al tema de la sospechosa muerte de guzmán -que estaba camino al indulto-, es manifiesta la reticencia del régimen Castillo para pronunciarse sobre las implicancias del fallecimiento del genocida. ¿Posible razón? Sus vínculos categóricos con abimael guzmán. Recordemos que Castillo ocupó el puesto de secretario general del sindicato conare-sute, facción radical del Sutep promovida por sendero a través del movadef, un aparato político formado por el carnicero guzmán para poder cumplir su anhelada conquista de gobernar, infiltrándose en nuestro sistema democrático vía una “agrupación política”. Pero, ¿acaso a los fanáticos de Hitler se les permite participar en las elecciones alemanas?

¡Para eso puso a Castillo! Guzmán es culpable de la muerte de decenas de miles de peruanos; de cientos de miles de heridos por el anfo y la metralla de sus fanáticos prosélitos; y responsable igualmente de la congoja de los familiares de las víctimas y la ruina patrimonial de millones de peruanos. Si ante la muerte de un monstruo de ese talante Castillo prefiere guardar hierático silencio –sólo autorizando a que usen el sello presidencial en un Tweet anodino- significa que sus vínculos con el senderismo son sumamente sólidos. Castillo no puede ni quiere pronunciarse sobre el tema porque sus lazos con el apparatchick terrorista son ciertos. ¡Y un presidente de la República carente de una absoluta, incontrastable libertad para pronunciarse sobre temas capitales -como la muerte del líder de sendero luminoso- no debe permanecer un minuto más en el cargo! Bastaría ese argumento, además del rosario de evidencias que respaldan sus conexiones con el senderismo, para justificar una vacancia.