En la campaña electoral del 2000, los grandes medios de comunicación y en especial la llamada “prensa chicha” respaldaba sin ningún reparo la re-reelección de Alberto Fujimori, negándose a informar sobre las actividades y campañas políticas de los candidatos de los partidos de oposición. Más aún, en un acto sin precedentes los canales de televisión se NEGARON a que los partidos de oposición contrataran espacios de publicidad política en los canales de señal abierta. En un contexto de silenciamiento y desinformación instrumentado por el gobierno de Fujimori y Vladimiro Montesinos, un canal de señal cerrada o de cable se convirtió en el adalid de la libertad de expresión.

El Canal N y una generación de jóvenes periodistas y reporteros hicieron posible que el país tuviera una ventana informativa veraz y plural. Veinte años después, esa misma generación de periodistas y la Dirección Periodística del Canal N son la más cabal demostración de lo que puede ser una prensa comprada, sumisa y solventada por el presupuesto público a través de la llamada “publicidad estatal”.

Canal N es una SOMBRA de lo que fue, su línea informativa hoy está direccionada desde Palacio de Gobierno, la Presidencia del Consejo de Ministros y los estamentos del gobierno. Las dictaduras en el pasado deportaban o encarcelaban a los hombres de prensa que las cuestionaban o enfrentaban con coraje y valentía. El Estado no tiene el deber de salvar de la insolvencia o quiebra a los medios de comunicación. Los grupos “El Comercio” y “La República” y RPP están adscritos al gobierno y son cómplices de un gobierno signado por la MENTIRA, la CORRUPCIÓN y la INEFICIENCIA. En el Perú se debe dar paso a una nueva generación de periodistas en televisión, radio y medios escritos que actuén con independencia, objetividad y solvencia profesional.

José Antonio Torres Iriarte