En el Perú corrompido por el fujimontesinismo, Toledo, Humala, Kuczynski y Vizcarra, sucede que la claque palaciega está “asesorada” por Ideele, la progresía marxista, los “grandes medios periodísticos”, la alta burocracia. Y ¡cómo no!, esa etérea “sociedad civil” que manejan la gauche y sus obreros mediáticos que flotan cerca del poder. Pero ocurre que este clan, conocido como “los cívicos”, hace tiempo que ha santificado los vicios que tanto le criticara a Fujimori. Desde Humala, su código moralino es idéntico al fujimontesinista. ¿No recuerdan que por practicarlo tanto Fujimori como Montesinos están condenados a cadena perpetua? Por eso llama la atención que hoy gobierne un presidente dizque democrático que aplica esos métodos vedados, opacos, corruptos y antidemocráticos propios del fujimontesinismo. Veamos. Los medios de comunicación están vendidos al gobierno bajo esa ficción llamada avisaje estatal. Nombre sutil para la formalización de la coima, ahora disfrazada de facturas “por servicios publicitarios al Estado”. También se ha institucionalizado el chuponeo en todas las esferas -pública y privada- pero hoy manejado por la progresía caviar. Tampoco olvidemos que Vizcarra clausuró el Congreso perpetrando un golpe de Estado aún más flagrante que aquel del 5 de abril de Fujimori. No contento con ello, Vizcarra está abocado a acosar, incordiar, atacar, ignorar y despreciar al flamante Legislativo, pese a que él mismo orquestó el proceso electoral que diera luz al actual Parlamento.

El ahora presidente del Perú es el capo de una organización criminal domiciliada en palacio de gobierno. Su función es urdir tramas para disfrazar los delitos que cometen él, sus ministros, amigos y socios políticos para obstaculizar la justicia, escondiendo y/o sustituyendo las pruebas de delitos flagrantes. Asimismo ahora la Fiscalía de la Nación opera como apéndice del Ejecutivo. Pero los fiscales eluden la actividad criminal del gobernante, prescindiendo de evidencias y pruebas. Como con esos audios que vienen apareciendo que, incluso, le imputan graves delitos al mismo Vizcarra y a su entorno íntimo. Por ejemplo, tráfico de influencia y obstaculización a la Justicia. Mientras que, por quítame estas pajas, los fiscales denuncian a los opositores criminalizando asuntos banales y/o fabricándoles acusaciones sin fundamento, o imputándoles casos ridículos; vis a vis la delincuencia demencial que practica el régimen Vizcarra. Por tanto, ¿acaso existe diferencia entre los métodos draconianos de Blanca Nélida Colán, ex fiscal de la Nación fujimorista, y el estilo mafioso que aplica Pedro Sánchez, su homólogo contemporáneo? ¡Ninguna! Las evidencias confirman que el gobernante Vizcarra usa los vicios antidemocráticos y delictivos de Fujimori. La variante estriba en que esa “sociedad civil” –el Ombudsman del politicocorrectismo manejado por el progre-marxismo- hoy depende de una prensa corrompida disfrazada de moralina. O de personas como Pedro Cateriano, que sirven a un presidente que perdió la confianza ciudadana por los escándalos en que está involucrado.

Vizcarra no da para más. Gobernó fatal y mintió sobre las muertes por Covid. Además, ¿acaso podríamos confiarle las elecciones de 2021 a un mendaz que trapichea con su mafia para obstaculizar la Justicia y evadir crímenes, como el tráfico de influencia?