Los miembros de la comunidad LGBT son hijos de Dios

Los miembros de la comunidad LGBT son hijos de Dios

El papa Francisco, el primero americano y jesuita, acaba de sentar un nuevo hito en la Iglesia al permitir que las parejas del mismo sexo puedan recibir la bendición de Dios. No se trata de una decisión progresista como algunos sostienen. No la veo así y mis lectores y otras personas que me honran siguiéndome, no tienen ninguna duda que no tengo ningún ápice de progresista por defenderla. Veamos, entonces, que significa la medida adoptada por el Vaticano. En primer lugar, queda claro para la Iglesia Católica que las relaciones de pareja del mismo sexo no son inmorales –aunque podrían serlo, pero no porque sean homosexuales sino por alguna inconducta humana en general–, de lo contrario, el Santo Padre no podría permitir que reciban la bendición aquellos que -sean dos hombres o dos mujeres- por sostener y cultivar una relación de pareja, vivan en pecado por el solo hecho de hallarse juntos compartiendo un estado de vida común. Esta primera afirmación permite enseguida otra. Así, continúa tomando forma la concepción correcta acerca de la homosexualidad, es decir, que se trata de un estado de naturaleza humana, sea por un origen innato o sea por circunstancias adquiridas, desterrando la idea de quienes creen que la homosexualidad es una maldición o de que, quien lo sea, solo pueda merecer el infierno como se creía erradamente en el pasado de la historia de la sociedad internacional.

La razón central que ha hecho realidad este acto permisivo por parte de la Iglesia es que todos los seres humanos –heterosexuales y homosexuales– son hijos de Dios y, por tanto, todos pueden merecer la misericordia de Dios, que es el amor y el perdón de Dios mismo. Hace bien la Iglesia en puntualizar que la referida bendición a parejas del mismo sexo no se haga en el marco de un rito o liturgia religiosa. Dios es de todos, ricos y pobres, sabios e ignorantes, hombres y mujeres, heterosexuales y homosexuales y quienes los diferencian, a mi juicio, no comprenden el plan de Dios sobre el hombre. También hace bien la Iglesia en puntualizar que la referida bendición de una pareja del mismo sexo no está permitida para una pretensión matrimonial, pues esta unión es única y exclusivamente para la unión de un varón y una mujer. En realidad, el matrimonio, por su estado de naturaleza como institución social humana y como sacramento, solo corresponde a la unión de un varón con una mujer. Valoremos, respetemos y relievemos las virtudes de los homosexuales –porque tienen muchas–, y recordemos que son parte de nuestra vida social terrenal y del plan de Dios salvífico, por lo que no será un secreto afirmar que muchas personas de la comunidad LGBT u homosexuales, son tan o más morales que muchas otras heterosexuales.

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