Hace dos días me enteré de la muerte de un trabajador más del Servicio Parlamentario producto de la pandemia. También leí en los medios de comunicación que un parlamentario solicitaba que la presidencia del Congreso le pida al Poder Ejecutivo que a los congresistas y a sus asesores se les vacunen por estar en “primera línea”, ya que se exponen en la Semana de Representación.

Hay dos aspectos que son necesarios analizar; el primero es que un parlamentario debe saber que ellos no tienen que usar su cargo para tener privilegios; ellos deben saber que su condición es para servir y no para servirse. Dicha actitud lo que hace es darle la razón a la población para que el rechazo a la clase política continúe, que la desconfianza ciudadana siga en ascenso y con ello agudizar más la crisis de representación que no tiene aún visos de solucionarse.

El segundo aspecto que me llama la atención es la falta de una política de prevención y seguimiento de los casos de los trabajadores del Congreso infectados, que a la fecha son mas de 600 y le han costado el servicio parlamentario 28 muertos.

No cabe duda que los parlamentarios, partiendo de la Mesa Directiva y terminando por sus autoridades administrativas, vienen haciendo muy poco por la salud de sus trabajadores o de lo contrario, que la estrategia que vienen usando es un total fracaso.

Una política de seguimiento de los infectados debe incluir no solo su aislamiento sino el monitoreo eficaz en cada caso y de sus familiares para evitar complicaciones en el tratamiento. Dicho seguimiento permitirá conocer el origen de los contagios y saber si estos provienen de personas asintomáticas que son el origen de la propagación del virus. Detectadas las personas portadoras del virus y que no tienen síntomas, se les aislaría para evitar que sigan contagiando.

Es decir, el Congreso realizaría un trabajo de investigación para poder detectar la “ruta del contagio” y colaborar con el país para evitar miles de infecciones y probables muertes.

No hay que ir al John Hopkins para darnos cuenta que los infectados pueden convertirse en un arma poderosa para combatir el virus siempre y cuando se les incorpore como parte de una estrategia inteligente.

Mis condolencias a los familiares de los trabajadores caídos y fortaleza para aquellos que aún están luchando con esta terrible enfermedad.