Los tiempos del Covid-19 han puesto a aprueba la imaginación de las personas. Atravesamos tres crisis: la sanitaria, la económica y la social.
En nuestros cerebros la palabra “reinventarse” está presente tanto en el consciente como en el inconsciente, pero me surge una pregunta: ¿los gobernantes pensarán igual? ¿Considerarán que la palabra “reinvención” implica hacer cambios inteligentes y atrevidos? ¿Sabrán, como dice el evangelio de hoy sábado, que “nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor”, en clara alusión a que “los parches nuevos en tela vieja no sirven”?
Los gobernantes deben tener en cuenta que la nueva realidad implicará replantearse cambios profundos en la forma de organizar los gobiernos y en la manera de generar riqueza. Que el virus ha dado paso a usar más y mejor la infraestructura tecnológica, no sólo de las entidades estatales, sino tambien de la que tenemos en casa.
Por ejemplo, me gustaría saber cuántas dependencias públicas están subutilizando sus espacios físicos, cuántos empleados públicos están haciendo teletrabajo, cuánto de ahorro se está generado respecto al uso de electricidad, agua e insumos como papel, lapiceros, etc. Considero que si el ahorro de estos recursos es significativo, como creo que lo es, se podría empezar a pensar en unir físicamente ministerios o entidades públicas para darle mayor utilidad a los edificios que podrían estar quedándose vacíos.
Por otro lado, si existe menos presencia física de empleados en las entidades públicas y privadas, ¿existe un plan para fortalecer la fibra óptica pública y mejorar los niveles de conectividad que permita hacer mejor el teletrabajo desde los hogares?
Hay muchas interrogantes desde el punto de vista gubernativo que por el momento, al parecer, no forman parte de la agenda del Gobierno a mediano plazo. Por lo que puedo percibir que nuestros gobernantes siguen pensando que esta crisis es pasajera y que, en algún tiempo, nuestra sociedad regresará al modo en el que funcionaba antes. Sin embargo, eso no sucederá.
Me atrevo a pensar, incluso, que algunos ministerios o entidades públicas deberían desaparecer o fusionarse, porque la forma en la que vivimos hoy será la manera en la que viviremos durante los siguientes lustros.
Siempre he dicho que los buenos gobernantes piensan al largo plazo, y hoy los nuestros se ven en la obligación de demostrarlo.