POR: GASTÓN SOTO VALLENAS

En la democracia representativa, los partidos políticos tienen una importancia determinante para hacer posible su funcionamiento y eficacia; pues, se constituyen en un elemento orientador de la voluntad popular.

En puridad, el partido político es la agrupación de personas que, organizadamente realizan acciones orientadas a tener el manejo del poder político directa o indirectamente.
Son los Estados que, dentro de su ordenamiento jurídico, establecen las condiciones y requisitos que se requieren para reconocerlos como tales y, por lo tanto, puedan participar en los procesos electorales y consultas populares.

En los sistemas democráticos es normal que los requerimientos que se exigen para ser reconocidos sean siempre mínimos, para permitir la mayor diversidad de los estratos sociales de una comunidad.

Desde el punto de vista teórico, se entiende de que el objetivo de estas agrupaciones políticas es el de querer obtener el poder para, a su vez, buscar concretizar o realizar acciones con miras a buscar el interés general.

La numerosa presencia de partidos políticos en un proceso electoral puede, en consecuencia, entenderse que son numerosas las alternativas que existen para alcanzar los objetivos deseados. Pues, los problemas que tiene una sociedad son comunes; en consecuencia, son los agrupaciones políticas las que deben ofrecer distintos medios de solución a dichos problemas.

Corresponde a la ciudadanía tener que analizar o evaluar las propuestas que se presentan para poder tomar una decisión política al momento de votar.

Por lo tanto, la labor de las organizaciones políticas, fundamentalmente, es la de hacer un diagnóstico preciso de la realidad social, en todas sus áreas, a fin de estar en condiciones de poder elaborar propuestas no únicamente convincentes para el votante, sino factibles de ser aplicadas o ejecutadas.

Pero, lo que debe ser motivo de preocupación en el funcionamiento de un sistema de democrático es cuando las organizaciones políticas se convierten en refugio de personas improvisadas o de quienes permanentemente se reciclan tratando de no dejar de tener presencia en la praxis política.

En ese sentido, un elemento perturbador del actuar de un sistema de partidos es cuando el populismo termina siendo el instrumento utilizado por los “profesionales de la política”, para convencer a la población en beneficio de sus intereses particulares.

En el funcionamiento de la democracia, el multipartidismo como sistema de partidos se verá incrementado en función directa a la voluntad popular desinformada que caracteriza, lamentablemente a los pueblos de América Latina.

La fuerza carismática de un individuo puede también contribuir a desorientar políticamente a un vasto sector de la población electoral, induciendo al ciudadano a votar en atención a factores totalmente ajenos a los que formalmente proponen los partidos políticos y candidatos en sus campañas electorales.

Habiéndose ya iniciado un proceso de elecciones generales en el Perú, debe ser motivo de reflexión preguntarnos por qué tenemos tan alto número de organizaciones políticas participando en esta justa electoral y cuya membresía, del total de partidos políticos inscritos, no llega ni siquiera a la décima parte de los más de 25 millones que tiene nuestro padrón electoral nacional.