Los previos a la elección de la mesa directiva del Congreso

Los previos a la elección de la mesa directiva del Congreso

El Perú está patas arriba. La corrupción va rauda y campante por todas las instituciones del país. Está en el Ejecutivo, encabezado por Pedro Castillo, jefe de una verdadera organización criminal nunca antes vista en nuestra historia republicana. Los ministerios se convirtieron en descaradas agencias de empleos y festín de contratos donde la ‘coimisión’ arrasa. Nos hemos concentrado en el sector Transportes, pero con seguridad en otros sectores el robo y la ‘cutra’ están de rumba.

El Ministerio del Interior no da pie con bola respecto a los prófugos de la justicia: Bruno Pacheco, Juan Silva y el ‘sobrinísimo’ de Castillo, Fray Vásquez, confirmándonos que en el Perú no hay ley, todo está permitido y el aparato del Estado se usa para beneficio de los corruptos.

Esto desanima a la ciudadanía, tal vez ese sea el objetivo. El mensaje es: el robo está permitido, no habrá sanción. Los psicosociales abundan, entre ellos los calatos que aparecen en sesiones procesales indicando que el Poder Judicial es vulnerable y poco respetado.

El Congreso, elegido por voto popular, tiene parlamentarios vendidos. Ninguna institución se salva. Y la fiscal Karla Zecenarro alarga el caso Zamir Villaverde sin reconocerlo como colaborador eficaz, manteniéndolo en prisión. La opinión pública y la prensa saben que cuando Villaverde sea liberado correrán ríos de información comprometedora debido al material que ha entregado contra la organización criminal que está en el poder. Presionada o no, dilata esta decisión. Que su hermano, funcionario del MEF, visite Palacio escarapela y genera dudas.

En este preocupante contexto resulta vital para nuestro país que los demócratas conserven la mesa directiva del Congreso. La actual logró neutralizar la amenaza de la Asamblea Constituyente. Se sabe que hubo un acuerdo para que en el siguiente período parlamentario Alianza para el Progreso presidiera la mesa. Pero los pactos políticos no son respecto a personas, sino a objetivos.

Por eso, que APP insista en que el candidato obligado sea Eduardo Salhuana es un despropósito nacional. Sus abstenciones en votaciones importantes y sus líos judiciales lo han desacreditado. El consenso parece inclinarse por la congresista Gladys Echaíz, pero ella no es militante de APP, sino invitada. Cosa que en estas circunstancias aciagas importa un pepino.

Principalmente porque se requiere personas probas para el momento que se viene. Mucho se especula que quien presida el Congreso será el reemplazo de Castillo. No necesariamente sería así. Con Fujimori no ocurrió y aún el Parlamento no acusa constitucionalmente a la vicepresidenta Dina Boluarte; el trámite es largo. Y, finalmente, qué problema habría con que Echaíz sea presidenta.

El líder de APP, César Acuña Peralta, tiene legítimas aspiraciones de llegar a Palacio de Gobierno. Pero en esta coyuntura no puede acceder. Su posibilidad de ser presidente será a través de los votos. Si promueve el consenso para elegir una mesa directiva decente, ajena a la corrupción y al gobierno, se prestigiará. De no hacerlo el país le pasará la factura. Muy onerosa. Su candidatura al gobierno regional será un fiasco electoral.

La oposición democrática debe pensar con cabeza fría, haciendo de la unidad un mandamiento. Perder la mesa directiva es abrirle la puerta a la corrupción, al senderismo, a la destrucción del país. No necesitamos cabezas de ratón.

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