En orden alfabético son: actividad política (en los tres Poderes del Estado), administración pública y de justicia, corrupción, económico, educación, empleo, informalidad, inversiones económicas, migración, pobreza, recursos naturales, salud, seguridad ciudadana. No son los únicos sino los graves que desde el pretérito afectan severamente al país y su población. El Presidente y congresistas electos están obligados a resolverlos.
Vinimos un momento excepcional. Terminó el tiempo de promesas y “cuentos” para ganar votos. Pareciera periodo de transición. Los políticos electos presidente y congresistas ya han expuesto sus propuestas, pero objetivamente están confrontados casi en igualdad “de votos” para “decidir” en el Congreso. Cada uno persigue respaldo. Es probable que los problemas se ahonden. Es innegable: hay capitales que fugaron del país, la moneda se devalúa, se incrementan los precios de alimentos, no hay una eficiente recuperación laboral, la pandemia no está superada y se vislumbra situaciones graves en la economía del país. Paralelamente el nuevo gobernante al prestar juramento ha efectuado sus “propuestas” políticas. La interrogante es ¿si él va a resolver positivamente dichos problemas nacionales?
Estando a experiencias vividas, los salarios no alcanzaran para afrontar la elevación de precios, podrían volver “los estanquillos” con grandes colas (con riesgo de “racionamiento”), crecerán la informalidad laboral y la pobreza, los servicios de salud no superaran su deficiencia, aumentará la delincuencia. Habrá debates sobre la incapacidad de la administración pública y de justicia pero seguirán ineficientes. Ello podría convenir a los corruptos. En tanto, si hubiera nueva constitución, ¿con esta resolverán los problemas crónicos del país?
Lo que requiere el Perú es fortalecer su economía, mejorar los centros de trabajo y estimular a nuevos inversionistas nacionales e internacionales que, respetando las legalidad nacional, generen puestos de trabajo incrementando la producción de bienes para satisfacer y aumentar el mercado nacional e internacional; el resultado debe ser –sin dilación– superar los crónicos problemas nacionales sin impedir los pedidos o exigencias populares, respetando sus instituciones representativas, las que hay que fortalecerlas. Esto no es ilegal ni inmoral.
Si bien hay contradicciones socio políticas y económicas, estás no deben impedir el desarrollo nacional. Necesitamos superar la unidad de contrarios. La mayoría está en manos del pueblo y este debe organizarse y aportar soluciones eficaces. Si progresa nuestra economía entraremos al mundo del desarrollo con eliminación de los problemas ancestrales fortaleciendo el trabajo honestamente remunerado como fuente de subsistencia.
Es imprescindible señalar una meta para derrotar los problemas nacionales.
¿Los nuevos gobernantes podrán hacerlo?

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