En el artículo anterior llegamos a 3 conclusiones de los gobiernos de Vizcarra y Sagasti: 1) Vivimos la segunda etapa de gobierno del vizcarrismo, ahora sin Vizcarra; 2) El comportamiento de un sector importante de la prensa es el mismo que el vivido en la época montesinista; 3) En el manejo de la pandemia en nuestro país se habrían cometido delitos de lesa humanidad.

Los “caviares” y los congresistas del Partido Morado están desesperados por “limpiar” la responsabilidad de los gobiernos de Vizcarra y Sagasti en el despreciable uso de las vacunas de Sinopharm. Se han dedicado a hacer una política de “contención de daños” brindando información con cuentagotas, a la que algunos han llamado “confidencialidad mafiosa” entre el gobierno, la universidad involucrada y la prensa que le sirve de vehículo de información, incompleta y sesgada.

Si Sinopharm ha entregado 3,200 dosis de vacunas “extras”; en la lista que publica la Universidad Cayetano Heredia solamente se consigna que se han administrado aproximadamente 900 dosis a 468 personas, entre investigadores, colaboradores, funcionarios de gobierno y familiares… ¿Dónde están las 2,300 dosis restantes? Ni la universidad ni el Gobierno están actuando con transparencia. El gobierno de Sagasti estaría utilizando a su prensa palaciega para direccionar a la opinión pública con una información inexacta e incompleta.

Un distinguido colega y amigo me señala, “vivimos el segundo confinamiento de la pandemia y observamos la justa protesta de los que no tienen que comer, los que día a día se ganan el pan con el sudor de su frente y que nos revelan el horror de este mundo injusto y poco solidario. En esta coyuntura en nuestro país, donde se escuchan y leen discursos y poemas, es bueno llenar este vacío de profundidad para enrostrarle al gobierno los atropellos del poder que ostenta… qué mejor evocando los poemas de Wislaba Szymborska: ‘hay platos pero no comida, señor presidente / hay discursos, pero no amor correspondido / ¿qué decir de mí? Morirme ni hablar!!! Tengo que alimentar a mis críos / contra mi ropa lucho en incruenta contienda / me queda holgada, la carne falta, el músculo se adelgaza / ¡qué aguante tiene mi ropa! ¡qué tenaz afán de durar más que yo! / Nada ha cambiado, señor presidente / mi cuerpo tiembla como temblaba antes / a las viejas culpas se suman la nuevas para ocultar la verdad y la ineptitud / pero el grito de mi cuerpo es un grito de inocencia / porque el poder de usted y la prensa me manipula / nada ha cambiado… / quizás sus modales, quizás las palabras… / pero el gesto, la realidad, la pobreza que es mi sombra, sigue siendo la misma, señor…’ “.