Estando tan cerca del inicio de actividades para el nuevo Congreso, creo que es pertinente reflexionar sobre su desempeño en el futuro inmediato. Nueve Grupos Parlamentarios lo hacen casi inmanejable desde el punto de vista de la eficiencia. La población electoral es, sin temor a equivocarme, la responsable de que las cosas inicien y probablemente terminen mal. No nos quejemos cuando algunos los grupos parlamentarios empiecen a desintegrarse e incrementen la fragmentación congresal. Las razones para ello son diversas, pero la más notoria sería la falta de experiencia de los nuevos congresistas, quienes aún no tienen la “callosidad” necesaria para soportar las presiones internas en sus agrupaciones y las que probablemente empiecen a recibir desde los medios de comunicación tradicional y de las que se transmitan por las redes sociales.

Los parlamentarios deben entender que su fortaleza política y la base de su poder individual dependerá de la solidez de sus bancadas. La experiencia nos dice que bancadas pequeñas son muchas veces las más atractivas políticamente para los grupos parlamentarios con mayor número de integrantes. Son las que más concesiones reciben tanto del Congreso como del Poder Ejecutivo ya que se constituyen en aquellos que pueden inclinar una votación. Por el contrario, aquellas bancadas numerosas, al ser las que desean marcar posiciones políticas, son las que corren un mayor riesgo para estar desunidas ya que sus integrantes al pretender generar liderazgos individuales crean fracciones. Además, sus integrantes no están exentos de ser tentados por el poder del Ejecutivo, sobre todo para conseguir obras para las regiones a las que pertenecen.

Si bien es cierto que una de las funciones, sino la más importante, de los parlamentarios es la de representación, no hay que dejar de lado las legislativas y las de control político. Los últimos años han demostrado que no existe una coherencia entre el trabajo parlamentario individual y el de sus bancadas. Al menos esa es la percepción que la mayoría de los peruanos recibimos. Hasta el momento, por ejemplo, no conocemos un informe de gestión de los grupos parlamentarios. No conozco informes que comuniquen su desempeño en materia legislativa, asistencia de sus integrantes a los órganos parlamentarios, ni indicadores sobre el trabajo parlamentario realizado.

La semana pasada escribí sobre la falta de coordinación entre los grupos parlamentarios y sus partidos políticos. Hoy reflexiono sobre su comportamiento ante las presiones políticas y la carencia de indicadores de gestión.

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