Por Alejandro Morales Cáceres

¿Se imaginan someterse a una operación y que, automáticamente, vea en su cuenta el reembolso del pago sin tener que estar peleándose con la aseguradora? ¿Cómo se sentirían si ante un retraso de avión, automáticamente, le depositaran una indemnización superior al pasaje adquirido? ¿Se imaginan no tener que estar persiguiendo a un deudor para que les pague? Esto es lo que se pretende resolver con el uso de los “Smart Contracts” o “Contratos Inteligentes”.

¿Qué son los denominados “Smart Contracts”? Son contratos (o cláusulas) escritos en lenguaje de programación, cuyas líneas de código reemplazan los términos y condiciones que se encuentran en un contrato tradicional. Un Smart Contract pretende seguir un script (secuencia de comando) a fin de ejecutarse de forma automática sin que medie un tercero entre las partes.

¿Para qué sirven? La “belleza” de estos contratos radica en que no requieren de un intermediario, lo que, en principio, hace que los costos de transacción se reduzcan enormemente. Es una herramienta tecnológica que permite la ejecución automática e independiente de aquellos términos de un contrato que sean objetivables mediante la siguiente fórmula matemática: “If + Then”, esto es, “Si ocurre esto…entonces sucederá lo siguiente…”. Esto permite que las cláusulas contractuales sean vinculantes y automáticas, dado que pueden autoejecutarse a través de la información que reciben. Además, permiten garantizar la ejecución de un contrato de forma neutral y ser más eficientes en la distribución de bienes y servicios. Ahora bieN, debido a que sus cláusulas son principalmente fórmulas programables de “if + Then”, esto reduce la inseguridad jurídica o incertidumbre respecto a la ejecución contractual. Algunos de los campos en los que los “Smart Contracts” podrán tener aplicación son: Transacciones financieras, hipotecas, gestión de seguros, gestión de derechos de autor, devoluciones de pago, automatización de herencias y donaciones, entre otros.

¿Cómo funcionan? Lo hacen a través de un algoritmo informático que se almacena dentro de una blockchain, y este algoritmo activa y automatiza la ejecución de los acuerdos contractuales solo cuando se cumplen ciertas especificaciones (“si ocurre X cosa, entonces sucederá Y”). De esta forma, un Smart Contract establece que, por cada acción de uno de los usuarios, se condiciona una consecuencia automatizada que afecta al otro. Por ejemplo, en un contrato inteligente de compraventa de una acción, cuando el comprador le hace el pago del dinero al vendedor, el Smart Contract comunica inmediatamente a la sociedad, quien a su vez registra al nuevo titular de la acción y expide un certificado digital de acciones.

Actualmente, su utilidad práctica aún está en discusión, pues surgen muchas dudas tales como: ¿Pueden las partes pactar modificaciones al contrato una vez desarrollado el software? ¿Cómo puede un Smart Contract garantizar la custodia de activos reales como dinero o acciones? ¿Se puede confiar en que una computadora ejecute los términos contractuales de forma neutral? ¿Qué ocurre si se desarrolla el código de forma incorrecta? ¿Quién asume los problemas que pueda haber con los errores de codificación? ¿Qué ocurre si un input externo que alimenta la ejecución es inexacto?

Solo el tiempo dirá si esta tecnología será disruptiva en el mundo jurídico.

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