Extrañamente, ahora compiten en las elecciones peruanas los herederos de un enfrentamiento que culminó hace tres décadas. En 1992, siendo presidente Alberto Fujimori, se derrotó al terrorismo cuando fueron capturados Abimael Guzmán y la cúpula de Sendero Luminoso, así como Víctor Polay y otros cabecillas del MRTA.
En 2021, los herederos políticos de los terroristas que fueron vencidos por las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, intentan llegar al Gobierno mediante un proceso electoral, cosa que abominaban antes y que siempre trataron de impedir y boicotear.
En este caso, sus convicciones no han cambiado, como se percibe en numerosas expresiones que están a la vista: entonan los mismos himnos senderistas modificando solo algunas palabras, declaran que si llegan al poder se quedarán para siempre porque no están de paso, en programas periodísticos insultan al conductor y amenazan con clausurarlo si llegan al Gobierno, etc.
Lo que se ha modificado es el método para llegar al poder. La situación del Perú y el mundo ha cambiado, es muy diferente a la década de 1970 en el Perú cuando gobernaba una dictadura militar estatista que trastornó y descompuso la sociedad entera con sus reformas, provocando una crisis descomunal que terminó obligando a los uniformados a retirarse del poder. Allí se fraguaron SL y el MRTA. Pero lo más importante es su propia experiencia. Los grupos terroristas fueron aplastados y aniquilados por las fuerzas del orden.
Se demostró que no podían hacerse del control del Estado por métodos violentos. Solo han subsistido pequeños grupos –en proceso de extinción- en las zonas cocaleras convertidos en sicarios del narcotráfico.
Ahora intentan lograr los mismos objetivos por el camino electoral. El ejemplo de Hugo Chávez en Venezuela los ha entusiasmado y mostrado que es posible triunfar en una elección y luego establecer una dictadura socialista brutal, represiva, hambreadora y corrupta, donde los jefes, sus familiares y allegados viven a cuerpo de rey y las masas empobrecidas mendigan el pan. Y, como en Cuba y Venezuela, huyen por millones a cualquier lugar para poder sobrevivir.
La votación de Castillo se explica por el descrédito de la clase política, afectada por tres sucesivos escándalos de corrupción que han involucrado a los más altos funcionarios del Estado –Lava Jato, jueces y Vacunagate- y por el desastre absoluto de la gestión de la crisis por parte de los ineptos Martín Vizcarra y Francisco Sagasti, gobiernos plagados de izquierdistas.
No ha sido el fracaso de la democracia y el libre mercado, sino el pésimo desempeño de los que estuvieron a cargo del Estado.
Hay que dejar de lado los rencores, cerrar las heridas y unirnos todos los que queremos superar esta espantosa crisis sin perder nuestra libertad. Necesitaremos mucho esfuerzo y sacrificio, pero con la seguridad que podemos salir adelante si nos unimos. No será fácil, pero podemos hacerlo.

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