Estamos ante el Domingo XXV del Tiempo Ordinario. ¿Qué nos dice la Palabra? La Primera Lectura es del profeta Isaías y dice: “Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras está cerca”. Es muy importante hermanos invocar el Nombre del Señor, porque Él se está dejando encontrar a través de lo que nos está pasando, a través de la pandemia que estamos sufriendo. Él nos invita a abandonar nuestras maldades, nos llama a la conversión. Porque nuestro Dios es rico en misericordia y perdón. Dice el Señor: “Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos”. Ánimo, hermanos, nos invita el Señor a abandonar nuestra malicia y retornar a la vida.

Por eso respondemos con el Salmo 144: “Cerca está el Señor de los que lo invocan”. Hagámoslo y podremos alabar su nombre. “El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas”. Es distinto a lo que somos nosotros, que somos malos con los otros. El Señor es bondadoso, está cerca de los que lo invocan con sinceridad. Por eso os invito a entrar en lo más oculto, en tu habitación e invocar el Nombre del Señor.

La Segunda Lectura es de San Pablo a los Filipenses y dice: “Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir.” ¿Realmente nuestra vida es Cristo? La felicidad está en encontrarnos con el Señor, esa es la ganancia. ¡Ánimo! A los que Dios llame en esta pandemia, recordemos “Venimos de Dios y vamos a Dios”. Convirtámonos de querer ser dioses. Por eso dice San Pablo: “deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor”. Llevemos una vida digna del Evangelio de Cristo.

El Evangelio de este domingo es de San Mateo y dice que Jesús les dijo a sus discípulos una parábola. El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña… Luego salió también por la tarde… A los primeros que contrató les ofreció un denario, a los que contrató en la tarde también, a los que llamó en la última hora también les ofreció un denario. Aparece aquí un “problema de justicia”. Le reclaman al propietario de la viña porque a la hora de pagar los que han ido a la última hora cobran igual que los que llegaron primero. Y dice el propietario frente al enfado de los que han trabajado más tiempo: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti”. ¿Por qué tienes envidia de que a los últimos les pago igual que a los primeros? Esto es importante, Dios paga lo mismo a todos, con un mismo amor, con la Vida Eterna. Porque el que experimenta a Dios en su vida es feliz; y el que tiene envidia, mata y destruye, experimenta la muerte. Por eso termina diciendo el Señor: “los últimos serán los primeros y los primeros los últimos”. Tanta gente que está retornando a la Iglesia y tiene la misma paga que los que hemos entrado al principio.

La oración colecta con la que inicia la Misa dice: “Oh, Dios, que has puesto la plenitud de la ley divina en el amor a ti y al prójimo, concédenos cumplir tus mandamientos, para que merezcamos llegar a la vida eterna”. Tener vida eterna es vivir el Evangelio, vivir el camino de los Diez Mandamientos. Os animo a retornar a la vida, a retornar a la Iglesia. Que el Señor os bendiga.

Obispo emérito del Callao