La secuela de la elección del domingo tiene responsables. Miserables responsables. Empezando por Marcelo Odebrecht, José Graña Miró Quesada y las empresas que han subsistido medrando de su bolsillo, amable lector, enriqueciendo a sus accionistas. Consecuentemente, generando un caldo de cultivo que indignó al ciudadano desde los hechos descubiertos a finales de 2016. Otros miserables culpables son esos fiscaletes Vela Barba y Pérez Gómez, pues en lugar de imputar a los acusados, congelar sus patrimonios, intervenir sus oficinas y solicitar su carcelería temporal, pactaron con ellos “delaciones” arregladas que han conducido a que todos los cargos en contrario queden diluidos, cuando no eliminados. Sobre todo. el pacto secreto que firmaron con Odebrecht, que elimina toda condena por prisión e indemnización al Estado para los accionistas y la propia empresa corrupta, condonándoles impuestos, multas, moras, etc. Esta cobardía del Ministerio Público es de los principales componentes del voto letal procomunista. Aunque tan culpables son los caviares, las oenegés, los cobardes sanisidrinos/miraflorinos,/etc. y toda esa “gran” prensa ruin -El Comercio, La República, RPP, canales 2, 4, 8, 9- beneficiada por la corrupción. Bien sea directamente o vía accionistas comunes con las constructoras. E indirectamente, mediante una telaraña de tráfico de influencias -con masivo reparto de dinero bajo la mesa- conformada por las oenegés abocadas a defender a Odebrecht y a sus consorciadas locales. Los medios de prensa venales han traicionado el alma del periodismo clásico, volviéndolo un instrumento pervertido de manipulación, ideologización y finalmente de beneficios personales, vendiéndole al poder político de turno, aliado de la podredumbre, páginas enteras de sus periódicos, y espacios preferenciales de sus televisoras para que haga y deshaga en nuestra nación.

El resultado quedó reflejado en la elección del 11/4. Hoy Perú transita hacia la ruta de Venezuela y Cuba. Por cierto, los propietarios de esos medios corrompidos son tan sinvergüenzas y malos peruanos que pretenderán dar vuelta atrás. Vía su consabida miseria humana, apoyarán a aquel candidato que dirima la segunda vuelta con el representante del partido político de sendero. Sin duda, su objetivo no sólo será salvar su patrimonio y la libertad suya y de sus familiares, amigos, etc., sino que, fundamentalmente, como principal intención, tendrán la de pasarle factura -por su apoyo mediático- a quien zanje el balotaje con el candidato del comunismo y, en caso triunfase, exigirle carta blanca para volver a sus previas andadas por las alcantarillas de la corrupción.

Todos estos rapaces de la politiquería y rufianes de periodismo nos han puesto en el disparadero más delicado de la historia nacional. Para vergüenza de quienes declararon la Independencia de nuestra patria hace doscientos años, esta canallesca generación de peruanos pasará a la historia como una casta abyecta que privilegió el desenfreno de su insaciable prepotencia y sed de poder y riqueza, antes que pensar en el bienestar de la nación. Para aquellos traidores del periodismo, valoraríamos un castigo representativo: impedir que vuelvan a ejercer este oficio. Como ocurre con los políticos a quienes, por idéntica razón, se les prohíbe hacer lo propio en cargos públicos.