La designación de todo nuevo gabinete ministerial suele traer luces y sombras pero, en el caso del Consejo de Ministros que acaba de designar el presidente Vizcarra, la sombra mayor la genera el presidente del mismo quien es nada menos que un visible operador político de Ollanta Humala y Nadine Heredia, ambos acusados de graves actos de corrupción durante el gobierno de Humala.

“Luz verde” fue la chapa que le pusieron a Cateriano luego de filtrarse un audio que ponía en evidencia su obediente sumisión a los dictados de la entonces reinante Nadine.

El mismo que hoy anuncia que luchará contra la corrupción en un convulso escenario en el que el régimen que ahora integra ha hecho poco o nada sobre la materia, menos aún en cuanto a algunos actos escandalosos registrados durante la pandemia y que constituyen una verdadera afrenta para todos los peruanos.

Durante el año que le queda de gobierno Vizcarra necesita un escudero leal y eficiente que constituye el elemento más visible de la biografía política de Cateriano: el problema es a quién dedicó con alma, corazón y vida estas virtudes y cuáles son los vínculos que aún mantiene con sus antiguos mentores.

Con esos antecedentes, el flamante gabinete Cateriano no permite avizorar cambio alguno decisivo en las políticas que viene implementando el régimen para combatir la plaga y el hambre y, por el contrario, deja un tufo de inadecuada continuidad que no precisamente es lo que requiere el Perú.

Por lo demás, y para contribuir a un mejor entendimiento de las cosas, en el Perú el presidente del Consejo de Ministros no es ni premier ni primer ministro, cargos que, en las democracias parlamentarias, son designados por el Congreso y que implican el ejercicio del poder sin sujeción a un Presidente, como ocurre, por ejemplo, en el Reino Unido.

Cateriano no es constitucionalmente autónomo ni creo que pretenda serlo frente a Vizcarra por sus antecedentes humalistas y vargasllosianos, esto último durante su estadía en el Fredemo en 1990.

Y en las áreas claves la continuidad es evidente: Pilar Mazzeti pasa de ser jefa del Comando de Lucha contra el Covid-19 a ministra de Salud (por lo menos nos libramos del trotskista Zamora) y Toni Alva continúa al frente de Economía donde debe rectificar el apoyo económico para que no vuelva a caer en manos de grupos que no lo necesitan.

Ojalá que tengan éxito, por el bien del Perú.

Pero huele a más de lo mismo.

Presidente de Perú Nación-Presidente del Consejo por la Paz