Luchemos, no celebremos

Luchemos, no celebremos

Hoy enterramos el 2019. Si fuese un parte de batalla lacónicamente diríamos: estamos perdiendo en casi todos los frentes.

Desde septiembre, tras persecución política a los opositores y el injustificable enfrentamiento con el Congreso, se asesinó a la democracia. Para la inauguración de la dictadura de Vizcarra no fueron necesarios los tanques, bastaron la foto sonriente de los comandantes generales mancillando el Salón Grau de Palacio con el moqueguano, la deserción masiva de parlamentarios que debieron resistir con el arma física y legal hasta el final, la complicidad de las izquierdas abyectas con el dictador y la miserable alcahuetería de la gran prensa subvencionada por el Estado.

Desde entonces (y en muchos casos inclusive desde antes) vivimos en una ficción de pseudo democracia que solo aplauden los diplomáticos extranjeros y los corresponsales cooptados por el régimen. Se gobierna con decretos de urgencia indebidos y no fiscalizados; se está creando un Estado paralelo con miles de asesores no supervisados por Contraloría; se ha organizado elecciones parlamentarias que no tienen solidez jurídica y carecen de legitimidad porque no se ha permitido ni siquiera que el TC sentencie si fue constitucional la “disolución” del Congreso. Y el Gabinete ministerial, aparte de espurio, está plagado de personajes indignos, incompetentes e indolentes que en muchos casos tienen investigaciones penales en curso.

Vizcarra gobierna merced a las intrigas, al control de la Fiscalía y parte del PJ y al pacto con ONG digitadas por el globalista Soros, con una ideología que traiciona los valores de la peruanidad. A la larga lista de delitos que se le imputaban desde que fue presidente regional de Moquegua se le suma el acuerdo vendepatria con Odebrecht, el pago de 524 millones de soles a la mafia brasileña y su alianza sostenida con el delincuencial club de la construcción que ahora tiene la desfachatez de demandar (vía Graña) al Estado por dos mil millones de dólares.

Por la ineptocracia de esta dictadura estamos en el umbral de la recesión económica, invadidos por un millón de venezolanos descontrolados, con ejecución presupuestal mínima pese a que hay dinero, con pobreza y desempleo creciente y en vísperas de un fraude electoral a través del voto electrónico.

Felizmente cada vez más se acerca el momento de la verdad: porque aunque la soberbia no le permita verlo, Vizcarra y sus áulicos pronto terminarán donde deben estar, la cárcel. Solo cuando eso ocurra celebraremos el año nuevo.