Luis Garcia Miró Elguera

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EL MUNDO AL REVÉS

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¿Con qué derecho, presidente Vizcarra?

Entre arremetida y arremetida contra el Congreso, el presidente Martín Vizcarra halló la forma arcana de cambiar la Constitución mediante simple trámite parlamentario. Sin que la ciudadanía se percate –abobada por los fuegos artificiales de esta insoportable cuestión de confianza– el sucesor de Kuczynski, que nunca fue electo por la población, se ha dado maña para “proponerle” a un esclavizado Congreso el cambio del 20 % –una quinta parte– de la Constitución del Perú, amenazando con disolverlo en caso decida no sancionar dicho paquete de proyectos de leyes de reforma política –más propiamente, normas para cambiar la Carta Magna– “sin modificar la esencia de las propuestas elaboradas por el Ejecutivo, y en el término fijado” por Palacio de Gobierno.

En primer lugar, ¿con qué osadía le impone a la ciudadanía un cambio del veinte por ciento del articulado de la Constitución un presidente sin el dominio que irradia haber sido elegido por la ciudadanía? Recordemos. Vizcarra fue digitado por un Legislativo políticamente desgastado, luego de una falsaria e implacable campaña de desprestigio y difamación emprendida contra este poder del Estado por el expresidente Kuczynski. ¿Con qué derecho entonces, Martín Vizcarra se arroga poderes constitucionales como para ordenarle al Parlamento semejante transformación de la Carta Magna, diseñada por unos “notables” Allan Wagner y Fernando Tuesta, más otros comisionados, todos digitados por Vizcarra sin aprobación del Respetable? Y por si fuera poco, ¿cómo se atreve a hacerlo Vizcarra en términos tan prepotentes, como ordenarle al Parlamento aprobar estos cambios constitucionales tal cuales han sido elaborados por terceros y en los plazos que disponga el Poder Ejecutivo? Porque señores, ¡la Constitución dispone que los congresistas no están sujetos a mandato imperativo de naturaleza alguna! La Constitución no es un instrumento manipulable al capricho de algún gerifalte instalado improvisadamente en el gobierno. Mucho menos todavía está a merced de una banda de politiqueros presumidos, como estos que se han adueñado de Palacio por impericia de un presidente. En este caso Martín Vizcarra, quien tiene el desparpajo de pretender modificar por sí solo –porque persevera en someter al Legislativo a sus ucases– un contingente tan vasto de artículos de la Constitución del Perú, sin siquiera meditar en la trascendencia y hondura que implica semejante transformación para el futuro de los peruanos. Seamos sinceros. Los proyectos de ley –tal como han sido redactados por los amiguetes de Vizcarra y remitidos al Legislativo para que los apruebe sin cambios y a plazo fijo– son unos reverendos disparates.

Es absolutamente cierto que Martín Vizcarra no es el presidente que requiere un país como el nuestro, severamente herido en su honor por tres expresidentes inmiscuidos en delitos de corrupción y cleptocracia, como Toledo, Humala y PPK. Para sacarlo de semejante estado de decepción e indignación, Perú demanda un jefe de Estado con dotes de brillantez, templanza, sentido común y empatía para liderarlo en tiempos tan borrascosos. Vale decir, ¡el Perú necesita un estadista! No un advenedizo opaco, pendenciero y mediano. Y por si fuera poco, con semejantes delirios de poder.





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