Luis Garcia Miró Elguera

Luis Garcia Miró Elguera

EL MUNDO AL REVÉS

Acerca de Luis Garcia Miró Elguera:

De mal en peor

Voy a pedir el expediente para verlo, ¿ya? ¿Ella qué edad tiene? Ah, Once añitos. ¿Fue desflorada? Y ustedes ¿qué quisieran? ¿Qué le baje la pena o que lo absuelva?” Esta abyección le fue grabada a un vocal de la Corte Suprema conversando con quien estaría abogando por el violador de una menor. Según esta ilegítima interceptación telefónica, practicada al supremo César Hinostroza Pariachi –que preside la Segunda Sala Penal Transitoria de la Corte Suprema de Justicia–, éste figura conversando con total frialdad sobre un asunto que cincela el grado de corrupción que existe en el Poder Judicial. Como es la permeabilidad que tienen los jueces para practicar el trapicheo de las condenas judiciales. Todo está relativizado a niveles de conveniencia política, de influencias del poder, y en proporción al dinero que se ofrezca. Hecho que indigna sobremanera. Pero que no es novedad. Es conocido que la Justicia en el Perú tiene precios y tarifas para todo. Incluyendo narcotráfico, robo, asalto a mano armada, sicariato, feminicidio, terrorismo (pregúntenle sino a las oenegés), etc. Y por supuesto corrupción. Somos sinceros. En tiempos de rechazo mundial a todo atentado contra el sexo femenino jamás imaginamos que aquellos negociados abarcaran a procesados por violación a mujeres. Menos a menores de edad.

Por supuesto que el vocal supremo ha rechazado los cargos denunciando que el audio ha sido editado. Sin embargo cabe denunciar, una vez más, el doble estándar de la prensa caviar y de los operadores progre que, en este caso, aplauden la violación del derecho constitucional al secreto que ampara las conversaciones privadas –aduciendo que el audio revela la comisión de un delito–, mientras que cuando el legislador Moisés Mamani grabó a los kenjis esa misma prensa caviar, y esos mismos operadores de la progresía, denostaron a Mamani a pesar de que sus grabaciones, tal como ocurre con las que ahora presenta el progresista Instituto de Defensa Legal, también confirmaban la comisión de un delito. Tan grave delito que le costó la vacancia a un jefe de Estado.

Que un vocal supremo sostenga conversaciones de esta índole –reducirle la condena o incluso absolver a un imputado por violar a una menor de edad– resulta reprochable. La pregunda es, ¿cómo alguien así es vocal de la Corte Suprema? La respuesta es sencillísima. A nuestros jueces los nombra el Consejo Nacional de la Magistratura, un invento progre conformado por la abstracta “sociedad civil” para controlar la Justicia. Lo integran desde enfermeras hasta ingenieros, economistas, artistas, etc., aparte de algunos pocos conocedores del trámite judicial, como los representantes de colegios de abogados, del Poder Judicial y la Fiscalía. Entonces, para cumplir su cometido esta amalgama de legos en materia de Justicia se “asesora” por gente ajena, generalmente con segundas intenciones, que acaba “recomendándoles” a candidatos digitados por la comunidad caviar que lógicamente acatarán sus ucases. En EE.UU., paradigma de la democracia, el presidente del país propone a los vocales de la Corte Suprema y el Senado los ratifica. ¡Hagamos lo mismo!

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