Luis Garcia Miró Elguera

Luis Garcia Miró Elguera

EL MUNDO AL REVÉS

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Democracia latinoamericana nuevamente en riesgo

Los servicios de inteligencia, diplomáticos y políticos de la Venezuela chavista –todos operados desde La Habana- han trabajado sobretiempo para lograr algo que parecía imposible: que la Comunidad Internacional –lamentablemente representada por las Naciones Unidas, ese gran avispero de la izquierda mundial- incorpore a Venezuela, la consuetudinaria violadora de los derechos humanos de los opositores de Maduro y de su gobierno, como miembro con asiento propio del… ¡Consejo de Derechos Humanos de la ONU! Por cierto, Cuba –la meca de las violaciones de los derechos universales en Latinoamérica- igualmente es miembro de esta comisión de marras. ¡Esta, en todo caso, debería cambiar de nombre! La votación se realizó durante la reciente reunión de la Asamblea General de ese organismo.

Brasil obtuvo 153 votos para ocupar una de los dos vacantes correspondientes a América Latina y el Caribe. Pero, sorpresivamente, Venezuela reunió 105 votos, resultando el segundo favorecido por encima de Costa Rica, una de las naciones latinoamericanas más identificadas con la defensa de los derechos humanos, que sólo alcanzó 96 votos. Esta es una demostración más de la grosera politización y manipulación que impera en este antro del socialismo planetario, llamado Naciones Unidas. Philippe Bolopion, mandamás de la ONG Human Rights Watch –se supone que es la vocería de esta franquicia universal de la humanidad- se limitó a formular una vana pregunta al aire: “¿Qué dice sobre el mundo en que vivimos que una mayoría de países hoy en la ONU hayan votado para el Consejo de Derechos Humanos en favor del abusivo gobierno de Venezuela cuando tenían otra opción?”

Resiente regalarle a Venezuela un galardón como este. Constituye un golpe efectista dado por la izquierda para seguir avanzando en su proceso de mutación, luego que el comunismo –padre de todos los socialismos, populismos, humanismos, etc.- hibernara tras el derrumbe del Muro de Berlín. El hecho, aparentemente, aún no inquieta a las principales potencias de Occidente. Como se sabe, la izquierda mundial está en proceso de recomposición. Y este triunfo venezolano la reimpulsará. Sin embargo, muy aparte vienen ocurriendo simultáneos -y demasiado coincidentes- hechos al interior de ciertas naciones latinoamericanas.

Repasemos. En Ecuador se produjo un motín para derribar al régimen de Lenín Moreno, distanciado evidentemente del socialismo chavista que incrustase Rafael Correa en el vecino del norte. En Bolivia, Evo Morales se presentó a un quinto período presidencial -caracterizado por el fraude- cincelando la impronta chavista de atornillarse al poder. No obtuvo votos suficientes para ganar en primera vuelta, pero el chavismo trabaja a pie forzado para reafirmar a Morales y así seguir irradiando su mensaje pendenciero por los Andes centrales. En el Perú ocurrió un golpe de Estado por iniciativa de la progresía marxista que manipula los hilos del régimen autocrático de Martín Vizcarra. La expresión más clara es, hasta hoy, la antidemocrática clausura del Parlamento. En Chile manifestaciones, ciertamente orquestadas, están convirtiéndose en sangrientas revueltas –hay una docena de muertos- que mantienen al país en Estado de Sitio, incluido el Toque de Queda.

La democracia latinoamericana corre serio peligro.



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