Columnista - Luis Garcia Miró Elguera

¿El centro político seguirá tan abandonado?

Luis Garcia Miró Elguera

7 oct. 2019 03:20 am
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Desde la fundación de la República el pensamiento de centro en este país representa a la mayoría ciudadana. Podrán haber habido hipos de histeria colectiva, llevados por circunstancias engañosas fruto de la manipulación de las masas. Como ha ocurrido en épocas contemporáneas con esos procesos revolucionarios o golpistas que lideraron Velasco Alvarado, Fujimori y hoy Vizcarra. Pero al final del día, prima la voz del pueblo a través del voto democrático, libre y descontaminado. Algo completamente ajeno a “lo que grita la calle”, o a esas falsarias encuestas de opinión que vende el totalitarismo disfrazado de demócrata.

Lo vimos cuando al finalizar la oprobiosa docena de años de neosocialismo velasquista el pueblo eligió en forma abrumadora a Fernando Belaunde Terry; precisamente el mandatario a quien destituyera Velasco. O cuando Alejandro Toledo sucediera a Alberto Fujimori. Los revolucionarios y los golpistas capitalizan las simpatías populares solamente por su atrevimiento a mentirle al pueblo, obnubilándolo con cortinas de humo estratégicamente fabricadas por operadores politiqueros. Pero el peruano no es tonto. Más temprano que tarde descubre el engaño y el revolucionario o el golpista que lo estafó acabará enfrentado al pueblo que lo vitoreó. Y este lo obligará a convocar a elecciones para evitar una asonada social que lo sacaría del gobierno en forma violenta. Esta es nuestra historia como nación de ciudadanos insuficientemente educados -o inclusive incultos- incapaces de entender la entrelínea de las cosas.

Sin embargo, si bien resulta incuestionable que en el Perú el pensamiento de centro representa a la mayoría ciudadana, ocurre que desde fines del siglo pasado todas las dirigencias políticas peruanas -de centro y derecha- han demostrado no encontrarse a la altura de las circunstancias. Peor todavía. La clase favorecida nacional que abriga la filosofía de centro -tanto su ápice intelectual como empresarial- ha sufrido un enorme, vergonzoso descalabro.

Se ha vuelto incapaz siquiera de fomentar –y desde luego de financiar- escuelas para promocionar a futuros gobernantes y/o autoridades, y elaborar políticas de gobierno coherentes con la dinámica contemporánea, como hace Chile sin ir muy lejos. Las dirigencias políticas, intelectuales y empresariales peruanas simple y llanamente han abandonado todo compromiso con la conducción del Perú, dejándola en manos de una escoria socialista de naturaleza chavista.

Y en esto hay que ser muy claros. La principal responsabilidad de este abandono del país por las cúpulas -tanto intelectuales como empresariales- que simpatizan con el pensamiento centrista, radica en los propietarios de los llamados grandes medios de comunicación. Gente que, por privilegiar sus intereses, se ha vendido al gobierno de turno como vía de subsistencia frente a la crisis terminal que atraviesa este sector de la prensa escrita y televisiva. El Comercio, por ejemplo, trafica cínicamente con el izquierdismo traicionando así la línea que le imprimieran sus fundadores. ¡Una auténtica vergüenza nacional! Esperamos que recapaciten los líderes centristas, ante el amago de una asamblea constituyente que destruiría todo el exitoso esquema de convivencia que, desde finales del siglo XX, nos salvara del colapso general luego de treinta años de gobernanza neosocialistoide.

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