Luis Garcia Miró Elguera

Luis Garcia Miró Elguera

EL MUNDO AL REVÉS

Acerca de Luis Garcia Miró Elguera:





El gobierno bombero

El fenómeno climático que viene desatándose no es novedad. Fue anticipado meses atrás. Y no obstante, la respuesta del gobierno Vizcarra fue lapidaria: son rumores, especulaciones sin sustento. Pero claro, la función de prevenir cualquier orden de situaciones críticas ciertamente no resulta glamuroso para un presidente que solo busca cámaras para la rencilla política, para atacar al Parlamento, para destripar a la oposición. Vale decir, un gobernante que no gobierna sino que procura sobrevivir a costa de pantallazos mediáticos que promuevan encuestas prefabricadas para demostrar su altísima popularidad. Con mucho más razón aún no resultará seductor si de lo que se trata es de trasladar a personas desde los lugares inseguros donde se han afincado –¡y que no quieren abandonarlos!– para llevarlas a espacios más seguros donde no discurran los huaicos, los ríos no se desborden y los terrenos sobre los cuales se asientan sus casas tampoco sean vulnerables a los desprendimientos de cerros. En consecuencia, si al jefe de Estado le disgusta la impopularidad, definitivamente vivimos en un país donde no existe prevención alguna de desastres. Un país donde el rol del presidente y de sus burócratas es el de ser bomberos dedicados con mucha solvencia a aparecer ante la prensa adicta que lo retrata como héroe, para comunicarle a la ciudadanía las ocurrencias de tragedias derivadas de su propia imprevisión y para narrar con lujo de detalle los dramas humanos que aquello produce. Y recién después, pues verá qué hace para enfrentar los desastres. Claro, cuando la población perjudicada ya vive un infortunio insufrible. Recién entonces comenzará a dar vueltas sobre exactamente lo mismo. ¿Cómo así? Nombrando zares encargados de la reconstrucción. Una reconstrucción que fundamentalmente perseverará en el levantamiento de las viviendas, pistas, alcantarillado, alumbrado, etc., destruido, en el mismo lugar donde poco tiempo después la madre naturaleza volverá a arrasarlo todo. Y asi per secula seculorum se aferrará esta rueda de la eterna tragedia.

Por supuesto, definitivamente la tal reconstrucción se ejecutará tarde, mal y nunca, como está ocurriendo en el Norte y asimismo en Lima. Recordemos, si no, la catástrofe del Niño costero hace dos años. Centenares de miles de damnificados continúan sobreviviendo en condiciones infrahumanas. Y por si fuera insuficiente, aparte de tardía, hablamos de una reconstrucción plena de ineficiencias y corrupción, donde ciertas autoridades y contratistas seguirán medrando del dinero que debería servir exclusivamente para paliar el drama de la victimas.

Sin embargo el rol principalísimo del oficialismo –sobre todo del presidente Vizcarra– consiste en aparecer trajeado de faena listo para la foto, asistiendo a zarpes de barcos cargados con materiales que nadie sabe si arribarán a su destino, y de víveres que tampoco se conocerá si finalmente cumplen su cometido de favorecer a los perjudicados. Esto nos recuerda a aquella falaz campaña emprendida por el régimen Kuczynski-Vizcarra cuando ocurrió el Niño costero, y los peruanos escuchábamos mañana, tarde y noche aquel eslogan “Perú, Una sola Fuerza”, que nos inducía a creer que el oficialismo estaba abocado a solucionar el desastre del Niño. Lamentablemente fue todo lo contrario.

 

 





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