Luis Garcia Miró Elguera

Luis Garcia Miró Elguera

EL MUNDO AL REVÉS

Acerca de Luis Garcia Miró Elguera:

El país de los anti

El ambiente político sigue enrareciéndose cada día. El encontronazo politiquero es hoy común denominador entre los actores, en vez de prevalecer la negociación como base de la convivencia social. El apasionamiento ha acaparado el ambiente, relevando al razonamiento lógico, ecuánime y sosegado que representa el talante democrático. El blanco y negro ha sustituido entonces al medio tono que dicta el sentido común.

La pregunta es, ¿qué ha ocurrido para que nuestra sociedad haya desembocado en esta coyuntura pendenciera? La respuesta es sencilla. Tal como antes ocurriera con el antiaprismo, hoy el yerro de nuestra ineducada sociedad -culpa de malos gobernantes que privilegiaron de todo, inclusive el avisaje estatal, por encima de la educación- ha impulsado instaurar el antifujimorismo/antikeikismo como eje de la política nativa. En esta cruzada perversa –orquestada y ejecutada por rojos trajeados de demócratas políticamente correctos- los buenos sólo son los progre. Los malos, todos los demás. A ellos el sectarismo les trata de “fujimoristas”, en rigor “keikistas”. Quien no comulgue con los credos socialistas es un apestado merecedor de aquella etiqueta, aplicándole una evidente connotación de sinvergüenza, pícaro, corrupto, delincuente y cualquier otro epíteto que sirva para calumniarlo al extremo de la náusea. Sin embargo corrupto no es sólo quien perpetra actos reñidos contra la moral aprovechando su poder político. Corrupta es igualmente la zurda por haber santificado a Kenji Fujimori y sus adláteres, quienes condicionaron su voto por la no vacancia a Pedro Pablo Kuczynski a que éste indultase previamente a Alberto Fujimori. Porque, amigo lector, si este desenfadado cambalache –glorificado por la izquierda- no implica un manifiesto acto de corrupción, entonces ¿cómo puede calificársele?

Hoy el debate nacional no existe. Lo que hay es una disputa permanente basada en el ataque personal. Más bien en el dicterio –centrado en el epíteto fujimorista/keikista, al cual se le concede un significado claramente nazista- lanzado desde las canteras socialistas contra cualquier persona que exprese alguna idea, defienda algún principio o promueva alguna iniciativa que no concuerde con la hoja de ruta progresista.

Pero tanto va el cántaro al agua hasta que se rompe. Y aquello le ha ocurrido a la sociedad peruana. Sencillamente está rota, quebrada, partida en dos por ese afán fanático e intolerante de la izquierda contemporánea contaminada, dicho sea de paso, de una podredumbre esperpéntica. Sin la menor duda ocurre que la corrupción corroe a la izquierda. Lo evidencian affaires como Lava Jato (casos Ollanta y Nadine Humala, Verónika Mendoza, Susana Villarán, Marisa Glave, etc.). Escándalos flagrantes de los cuales los rojos obviamente intentan zafarse a costa de gritarle fujimorista/keikista a quienes le enrostren su afianzada corrupción y probada inmoralidad. Resulta evidente, entonces, que la podredumbre que embarga a la izquierda constituye la génesis del blitzkrieg que ha emprendido contra toda voz que discrepe de su prédica buenista y sabelotodo. Con mayor razón, contra aquellos que se atreven a enrostrarle a cualquier socialista involucrado en corruptelas el justificado calificativo de co-rrup-to.

A fin de cuentas, todo incordio de la progresía es un premio a la independencia de criterio.

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