Luis Garcia Miró Elguera

Luis Garcia Miró Elguera

EL MUNDO AL REVÉS

Acerca de Luis Garcia Miró Elguera:





El Perú del sálvase quien pueda

El incomparable George Orwell sentenció en Rebelión en la Granja que una vez instalados en el poder, “todos los animales son iguales; pero algunos son más iguales que otros”. Pareciera que esto lo aplicase al pie de la letra el funesto régimen Vizcarra. La sucesión de burradas que confirmamos cada día desde el ápice del poder Ejecutivo sólo se comprenden bajo esta máxima. No hay medida que se apruebe en palacio sin que revele esa terca inclinación hacia la homologación zootécnica entre las máximas autoridades del gobierno. Y aquí, estimado lector, estriba la tragedia en la que han convertido a este país emprendedor, pujante, sacrificado y luchador, que supo salir de la quiebra nacional y del ataque terrorista que asesinó a 35,000 paisanos, a la vez que destruyó más del 50% de la infraestructura nacional.

Los peruanos superaron ese caos a base de sacrificio. Y sobre todo, de enorme perseverancia y padecimiento tras el desastre nacional producido por políticas vesánicas y populistas elaboradas por la izquierda inútil, venal y demagógica. Tragedia reimpulsada en tiempos recientes por la necedad, fanfarronería y fundamentalmente vanidad de gente como Toledo, Humala, Kuczynski y Vizcarra.

Personajes sin pasta de estadistas que se sintieron por encima de las verdaderas personalidades que debieron gobernar esta nación, en lugar de lanzarse al vacío impulsados sólo por su petulancia, soberbia y medianía. Porque gobernar una sociedad no significa sentarse en palacio para recibir las reverencias y el aplauso barato de los sobones de siempre. Implica, sobre todo, intelecto, aptitudes de liderazgo, conocimiento de la realidad, sensibilidad social, sentido común, solvencia personal, consistencia moral y, por encima de cualquier otro requisito, esa capacidad innata con la cual nacen exclusivamente los estadistas. Sin embargo, exceptuando al ex presidente Alan García, desde este tercer milenio soportamos una avalancha de improvisados, sin arraigo ético, sólo premunidos de gigantescos afanes de figuración complementados por una feroz urgencia de satisfacer sus afanes de poder absoluto. La tragedia griega que viven los peruanos estos días es consecuencia, precisamente, de esta barbaridad.

Martín Vizcarra es el perfecto mediocre que, jaloneado por su falta de preparación, intelecto, experiencia, aptitud y, especialmente, de visión de estadista, llegó al poder –al ápice de poder, como es la presidencia de la República- montado en una plataforma ajena. La plancha presidencial de Kuczynski que, de acuerdo a Carlos Bruce, se vio forzado a “mestizarla” para soslayar una excesiva carga sanisidrina. Así arribó Vizcarra al sillón presidencial. Lo hizo en medio de aquella turbación, confusión y anarquía que produjo la implosión de la presidencia de PPK por no decir la verdad, y esperar que la mentira permanezca escondida. Algo que jamás ocurre. Esta insensatez, impericia e irreflexión de Vizcarra es la que nos ha puesto al borde del colapso. Porque, enredado en su mundillo de la mentira, la manipulación, la falta de transparencia y el golpe artero, Vizcarra nos ha conducido a lo que se conoce como Estado fallido. Una anomia general que ha generado ese sálvese quien pueda que corroe al Perú.





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