Luis Garcia Miró Elguera

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EL MUNDO AL REVÉS

Acerca de Luis Garcia Miró Elguera:





El Perú post Alan García

La trágica desaparición del demócrata Alan García, dos veces presidente del Perú –líder de una mala gestión, aunque reivindicada luego por el mejor gobierno que haya tenido el país–, nos lleva a dos escenas. La primera, ahondar la tensión sociopolítica iniciada por el impresentable expresidente Humala, consolidada por el mal mandatario Kuczynski y profundizada por el rocambolesco y actual gobernante Vizcarra. Y la segunda, marcar el punto de inflexión que reconduzca al Perú a retomar las vías de todo Estado de Derecho, a reemprender la cordura y a reencontrar el camino del desarrollo en paz.

En una coyuntura de tanta crispación como la que en estos momentos embarga a nuestra sociedad, es evidente que resultan bastante lejanas las probabilidades de que el legado de la muerte del presidente García nos devuelva la ecuanimidad. Porque ocurre que este país ha sido envenenado por la hiel de una progresía marxista que se ha apoderado del Gobierno, simplemente extorsionando a los tres últimos presidentes.

Un trío de apolíticos aventureros en materia de gobernanza, que sucumbieron ante los cantos de sirena de una partida de antisociales de la aristocracia rosada cuyo norte es la destrucción del exitoso sistema socioeconómico que mantuvo el Perú hasta antes de la llegada de esos lamentables mandatarios. A ello apunta la táctica progre de soliviantar al pueblo para dar paso a alguna algarada que acabaría siendo resuelta mediante una asamblea constituyente –manipulada por los rojos– que inmediatamente secuestraría el poder, al estilo de Venezuela. Peor aún. Consideramos inminente el riesgo de éxito de un panorama como el que esbozamos debido a que el claudicante gobierno de Martín Vizcarra ya ha endosado el mando del país a la progresía marxista.

Y esta a su vez ha capturado a un conjunto de medios de prensa comprándoles su línea periodística utilizando los recursos fiscales a través de la corruptora publicidad estatal. En consecuencia, hoy la progresía marxista domina el país: poderes Ejecutivo y Judicial, los medios de comunicación, etc., conformando una suerte de apparatchik de control político-policíaco de la sociedad.

Esto se manifiesta en el aplauso infecto de la prensa venal a unas inexistentes labores del Gobierno, acompañado por una vil campaña de demolición para exterminar no solamente a los opositores del régimen sino, inclusive, a quienes no se sometan a él. Y quienes no se sojuzguen –peor aún si se oponen– a esta dictadura fascista disfrazada de democracia anticorrupción, pues por cualquier motivo serán demolidos por los medios periodísticos oficialistas; después triturados en las redes sociales; a renglón seguido denunciados sin pruebas por la Fiscalía, y finalmente condenados a tres años de prisión por la “justicia peruana”.

La única posibilidad de que la penosa muerte de Alan García se convierta en punto de quiebre para este putsch fascista –que hoy impulsa nuestro país trajeado de democracia anticorrupción– sería que el Parlamento replique la ley Mulder, cercenando de plano la perversión que degrada a ciertos medios de comunicación sujetos a una subvención publicitaria multimillonaria. Con seguridad, antes del año ya tendríamos elecciones generales. ¿Se atreverá este Congreso?





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