Columnista - Luis Garcia Miró Elguera

El tiempo se acorta

Luis Garcia Miró Elguera

18 sep. 2019 07:55 am
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La oposición necesita reconocer -más claramente, nunca debería olvidar- que su obligación es, justamente, hacer o-po-si-ción. Inteligente, astuta, coherente y persistente; pero al final del día, oposición. Cuando los legisladores del Apra y de Fuerza Popular trastabillaron a raíz del inicio de aquella demoledora campaña desatada por Kuczynski contra el Parlamento -finta que luego fue agudizada por el absurdo remordimiento que les generó la renuncia de PPK, y todo aquello agravado por la injusta prisión de Keiko Fujimori- ambas agrupaciones perdieron el norte y acabaron arrastradas al escenario de fuego cruzado que le tenía preparado el oficialismo, de la mano de la progresía marxista. Como consecuencia, ingresaron a un estado de indolencia que los colocó contra las cuerdas. Hasta que en julio último eligieron presidente del Congreso a Pedro Olaechea, restituyéndose con ello una expectante base opositora nacional. Cierto que aún incipiente, aunque todo indicaría que camino a consolidarse.

El vizcarrismo no contó con la reacción que provocaría aquella elección de Olaechea. Tanto en lo que ha significado devolverle temple y maneras a un poder del Estado que ya había perdido el respeto de los otros dos, como a aglutinar fuerzas entre los dos partidos políticos que lideran la oposición ante este régimen temerario, imprudente y cargado de un ominoso talante golpista, aparte de mediocre, incapaz y desaprensivo en el manejo de la nación. Nos referimos sin duda al gobierno que representa Martín Vizcarra. Con ello el oficialismo quedó tan desconcertado que su única reacción ha consistido en repetir el mismo discurso, a todas luces inconstitucional, que exhibe como muletilla para arrinconar a la oposición: la amenaza de disolver el Congreso si éste no aprueba el proyecto de ley del Ejecutivo para anticipar un año las elecciones generales. Propuesta indecente que transpira la total descalificación de Vizcarra siquiera como aspirante a estadista.

Pero la oposición ha venido adquiriendo un talante cada vez más político, y recubriéndose de una impenetrable piel de cocodrilo que le permite aferrarse a una estrategia diferente, basada ahora en exasperar al vizcarrismo trasladándolo al terreno constitucional y legal. Ahí donde, precisamente, desafina por completo por su espíritu antidemocrático manifestado en pretender arrinconar al Poder Legislativo para obligarlo a someterse a los ucases palaciegos, como este malhadado proyecto orientado a anticipar los comicios. La oposición debe mostrarse más unida que nunca descartando frontalmente la iniciativa golpista de Vizcarra y sus cómplices progre-marxistas.

El tiempo se acorta. A finales de este mes vencen los plazos programados por el vizcarrismo para ejecutar su plan golpista, consistente en violentar el mandato de nuestra Constitución que determina, taxativamente, que el período para el cual fue electo este gobierno –que hoy preside Vizcarra porque el actual Legislativo así lo determinó, apelando al orden de sucesión que establece la Carta- vencerá de manera indefectible el 28 de julio 2021. Mientras tanto Vizcarra propone que el Congreso apruebe su trapisonda, después convoque a referéndum, e ipso facto llame a elecciones para abril 2020. Veremos qué ficha mueve Vizcarra. Si le hace jaque a la Constitución, va preso.

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