Luis Garcia Miró Elguera

Luis Garcia Miró Elguera

EL MUNDO AL REVÉS

Acerca de Luis Garcia Miró Elguera:



El virrey Martín Vizcarra

La prepotencia es el cáncer terminal del autócrata. “Si puedo clausurar un Congreso, entonces puedo hacer lo que me dé la gana”, alucina el hoy todopoderoso Vizcarra. La otra enfermedad letal del tirano es la soberbia. “Protejo a mi gente para que, a su vez, ella me cuide y gire así indefinidamente la rueda de la fortuna”. Al final del día, al dictador le ocurre lo que a todo mortal. Sus días están numerados. Tanto en años de vida, tiempo de bonanza y época de desgracia. En consecuencia Vizcarra –ingeniero moqueguano; gobernador de su región natal; politicastro de oficio- atraviesa ahora por eso que los norteamericanos denominan “a sweet moment” (el momento dulce de su vida). Sin embargo, en este valle de lágrimas todo lo que sube, baja. Y caerá más fuerte en tanto mayor sea el grado de soberbia.

La vida no la tiene comprada Martín Vizcarra. Hoy podrá mangonear como déspota, y mañana pudiese acabar purgando carcelería. Así de dispar es la vida humana. Con mayor razón, para quienes participan en la política sin guardar las formas democráticas ni respetar los cánones del Estado de Derecho. Como él. Que habiendo llegado a la máxima responsabilidad –como es la presidencia de la nación- a mérito de una decisión democrática acordada por el Congreso de la República, fue empoderado en calidad de jefe del Estado no por sus méritos personales sino por respetar lo que manda la Constitución. Congreso al cual apenas un año más tarde Vizcarra le asestaría una puñalada traicionera.

Hay más. Aparte de cerrarlo,Vizcarra se dedicó a denostarlo hasta la náusea mellando, ridiculizando, banalizando y destruyendo la imagen de un poder del Estado vertebral para la vida en democracia. Como es el Legislativo. Esto, amable lector, es un delito constitucional que Vizcarra ha cometido y por el cual deberá pagar las consecuencias con todos sus agravantes. Pero no contento con semejante atentado antidemocrático e inconstitucional, Vizcarra se ha burlado de la ciudadanía que eligiera a la plancha presidencial liderada por Pedro Pablo Kuczynski como presidente –y Vizcarra como vice- para que ejerza un gobierno de centro. Sin embargo Vizcarra ha traicionado a sus votantes dando un golpe de Estado descafeinado -pero golpe a fin de cuentas- para escorar al Perú hacia la izquierda más sucia: el socialismo chavista.

Traición que si bien nuestra Carta y nuestro acervo jurídico no califican como delito, no obstante revela la mala entraña de quien, como Vizcarra, se ha prestado a torcer la voluntad de la mayoría que lo eligió para que gobierne con la propuesta política de centroderecha que llevó la plancha PPK-Vizcarra; jamás incrustándole al país un plan socialista que, tras clausurar el Congreso, apunta a convertir la tinterillesca elección de legisladores (para concluir su período quinquenal) en Asamblea Constituyente que modifique nuestra Carta, calcando el modelo chavista. Elección a la cual Vizcarra persiste en manipular decidiendo quiénes participan como candidatos y quiénes no. Seguramente, cual virrey, pretende que los futuros legisladores se arrodillen delante de él. Como ese penoso alcalde de Canchaque.



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