Luis Garcia Miró Elguera

Luis Garcia Miró Elguera

EL MUNDO AL REVÉS

Acerca de Luis Garcia Miró Elguera:



Favores, influencias, sobornos igual a corrupción

Hace siete décadas, la insuperable pensadora y literata Ayn Rand pronosticaba un ciclo perverso que ahora corroe a buena parte de la humanidad. Decía la escritora rusa, nacida Alissa Zinoviena: “Cuando adviertas que para producir necesitas obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes no trafican con bienes sino con favores; cuando percibas que muchos se hacen ricos mediante el soborno y por influencias más que por su trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos sino que, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra ti; cuando descubras que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces ya podrás afirmar, sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada.”

Veámoslo por partes. Es una contundente verdad que los emprendedores peruanos están sometidos al yugo de la tramitomanía inventada por la izquierda para controlar la producción, y a la vez para emplear a la burocracia y convertirla en aliada electoral. En ese sentido, es un hecho que para producir lo que fuere en nuestro país se necesita autorización previa de papá gobierno, que no produce nada. De otro lado es innegable que todos los días y a cada hora comprobamos que el dinero fluye hacia quienes trafican con favores, y no con bienes. ¿O acaso, amable lector, no forma parte de esa tramitomanía el soborno generalizado entre la administración del Estado, para permitir que su expediente vaya fluyendo en cada uno de esos infinitos pasos que debe dar, siguiendo una ominosa legislación que institucionaliza la coima en el Perú? Y, ¿no es cierto, estimado lector, que constatamos a cada momento a muchos que, más que por su trabajo, se hacen ricos por influencias y por el soborno (pero ricos multimillonarios, como Toledo: US$35 millones, por citar a uno de tantos expresidentes imputados por corrupción); y que las leyes no nos protegen contra ellos sino que, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra nosotros (el paradigma de jueces y fiscales que se llenan los bolsillos extorsionando a ciudadanos que, la mayoría de las veces, son inocentes, mientras absuelven a los auténticos culpables). O, ¿no es verdad que en el Perú la corrupción se recompensa y la honradez se convierte en un auténtico suplicio? Lo corrobora ese escándalo que venimos presenciando alrededor del caso Lava Jato, donde los grandes capos de la mafia de la construcción –Odebrecht y Graña, para empezar- se autoimputan un crimen como robarle al Estado decenas o centenares de millones de dólares y luego se acogen a confesiones sinceras que sólo sirven para camuflar su delito y reducir/anular las penas, mientras este país jamás recuperará su patrimonio robado.

En un Perú saqueado por su cúpula de poder –cinco presidentes, ene ministros, otros tantos directores, pinches, jueces, fiscales, grandes empresarios de la construcción, etc.- lamentablemente se cumplen todas las advertencias de Ayn Rand respecto a lo que constituye una sociedad condenada. ¡Esperemos que este mal no dure cien años!



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