Luis Garcia Miró Elguera

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EL MUNDO AL REVÉS

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Gas natural: ¿otro fracaso?

Ahora resulta que el presidente postizo Martín Vizcarra no solo pretende cambiarnos el 20 % de la Constitución, sino asimismo embutirnos el gas natural boliviano, después de que Evo Morales –chavista y por tanto simpatizante del dictador Velasco Alvarado, como Vizcarra– entrase en trompo tras que Argentina y Chile decidieran cancelar sus compras de gas a Bolivia. Ayer Vizcarra informó que “la comercialización del gas de Bolivia al Perú está confirmada por convenios celebrados al término del Gabinete Binacional realizado en Moquegua”.

En consecuencia Perú se aventura a “impulsar la interconexión del gas de Bolivia” para que el gas de aquel país se exporte por Ilo. ¡O se consuma acá!, Vizcarra dixit, “por un tema de seguridad energética” Más bien por un tema de ineficiencias y corruptelas de nuestros gobernantes, presidente Vizcarra, que han sido incapaces de construir un gasoducto planificado hace una década.

Otro disparate avalado por Vizcarra es el proyectado “tren biocéanico”, concebido por Evo dentro del criterio de “la gran patria socialista latinoamericana”. ¡Suficiente daño hemos soportado por tonterías como la carretera Interoceánica impuesta por Lula, que nos ha costado miles de millones de dólares y la corrupción generalizada del país!

A 2017 –la burocracia impide mostrar cifras más actuales– tenemos reservas probadas de gas natural por 13 trillones de pies cúbicos. Pero la producción diaria es de apenas 1,470 pies cúbicos/día, mientras con mucho menos reservas Bolivia produce el doble. Por cierto, del poco gas natural que obtenemos casi todo se exporta. Su uso interno es bajísimo. Una razón es el ilegal monopolio que ejerce la distribuidora Calidda. Otra es que lo que fuera una exitosa industria –el Gas Natural Vehicular– fue abandonada por Humala y sigue en estado catatónico. En el primer ejemplo se perjudican los hogares, y en el segundo el transporte público. Ambos impedidos de usar un combustible barato y limpio por la temeridad de nuestro Estado. Recordemos que el año 2000 se firmaron los contratos de exploración, transporte y distribución de gas natural y líquidos con el Consorcio Camisea.

Inicialmente todo el gas estuvo destinado a abastecer al mercado nacional. Pero en 2004 cambiaron las reglas, optándose por asignar exclusivamente la producción del Lote 56 para exportación, so pretexto que el rendimiento del Lote 88 sería suficiente para nuestra demanda interna. En rigor Camisea fue y sigue siendo un estupendo negocio para el Consorcio. Aunque principalmente para Repsol, vendedor exclusivo cuyo contrato (secreto) con México ha sido denunciado por el régimen López Obrador. Reconocemos que Camisea le ha generado enorme progreso al Perú, pero el Contrato de Exportación del gas hace lo contrario. Porque aparte de recibir mínimas regalías, nos priva de suficiente Gas Natural para satisfacer la demanda interna.

Apostilla. El Convenio del Gas firmado por Vizcarra tiene una contundente connotación ideológico-política. Desde antes de la Guerra del Pacífico, Bolivia ha actuado de aliada nuestra porque su sueño es tener acceso propio, inmediato, al Pacífico. Superadas las animadversiones Perú-Chile tras el Fallo de La Haya, ¡debemos cuidarnos muchísimo de esos cantos de sirena provenientes del Altiplano!





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