Luis Garcia Miró Elguera

Luis Garcia Miró Elguera

EL MUNDO AL REVÉS

Acerca de Luis Garcia Miró Elguera:



¿Hacia dónde nos llevan?

El presidente Martín Vizcarra tiene un evidente sesgo distante del Estado de Derecho –como manejar él solo la nación desde Palacio de Gobierno, prescindiendo por ahora del Poder Legislativo y tal vez a futuro del propio Poder Judicial– y asimismo alejado de principios fundamentales de la práctica democrática, como son los partidos políticos. O quizá pretenda explicarnos esta anormalidad apelando a la famosa frase de Groucho Marx: “Estos son mis principios. Pero si no les gustan no se preocupen. Tengo otros”. Sin temor a equivocarnos, con Vizcarra nada es predecible y más bien todo es posible.

Ya ensayó –con éxito, abusando porque se lo permite la crónica, perversa ineducación que anida en la inmensa mayoría de peruanos– esta infame estrategia en el referendo. Doblegó al Parlamento amenazando con su disolución y emprendiendo una campaña de desprestigio –contra este democrático poder del Estado– que muchos dictadores ni siquiera se atreverían a imaginarla. Ahora Vizcarra gobierna el Perú prescindiendo del Legislativo y sin partido político. Vale decir que lo hace en función a representar él solo al Estado sin siquiera haber sido elegido directamente por los ciudadanos. Vizcarra es, recordemos, un presidente accesitario que ocupa el cargo de su antecesor que lo puso en su plancha como vicepresidente. Y al año y medio de asumir el gobierno, tuvo que renunciar por su involucramiento en aquel marasmo de corrupción llamado Lava Jato. Aunque manipulando la elástica democracia peruana Vizcarra se ha consolidado como mandatario, en función a incordiar a los otros poderes del Estado. Al Legislativo, ya hemos señalado, amedrentando con disolverlo. Y de la mano de aquella prensa venal que opera como felpudo de su gobierno en pago por haberle devuelto el subsidio de la publicidad estatal que pagamos los peruanos, organizó una campaña de desprestigio contra el Parlamento cuyos frutos los aprovechó perversamente, tal como lo grafica el resultado del referendo. Y al Judicial lo tiene sometido, tanto presupuestalmente como intimidado con desaforarle a muchos magistrados –a quienes alegremente imputarían algunos fiscales que sólo acatan ordenes de palacio de gobierno– con aquella espada de Damocles denominada los “Cuellos Blancos del Puerto”.

Vizcarra gobierna rodeado de asesores anónimos, de clara inclinación socialista y sin escrúpulos democráticos; sin partido político; sin bancada congresal. Y sin oposición: Keiko Fujimori encarcelada, Alan García perseguido, la izquierda de rodillas rogándole a una Justicia, por ahora mediatizada, para que no procese a Susana Villarán, Nadine y Ollanta Humala, Verónika Mendoza, Marisa Glave, etc.

Pero el más reciente artificio antidemocrático de Vizcarra es la aparición en escena de –hasta el momento– dos comisiones de notables. La primera concibió el referendo. La segunda dictará a un Legislativo pintado en la pared cuáles son las reformas que debe aprobar para satisfacer a Martín Vizcarra. Y además, cómo debe redactarlas. Digitar a algunos personajes –que sólo los respalda la prensa canalla vendida al gobierno– para que legislen como exige Palacio de Gobierno, constituye el distintivo clarísimo de que, gracias a Vizcarra, en el Perú se vienen esfumado tanto el Estado de Derecho como la democracia.

NOTA: esta columna dejará de aparecer diariamente hasta el retorno de su autor.

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