Luis Garcia Miró Elguera

Luis Garcia Miró Elguera

EL MUNDO AL REVÉS

Acerca de Luis Garcia Miró Elguera:

Homenaje al cardenal Cipriani

  • Fecha viernes 1 de junio del 2018
  • Fecha 7:50 am

Juan Luis Cipriani pasa a los anales como uno de los cardenales peruanos con mayor solera, predicamento y trascendencia. Como toda persona eminente, tiene seguidores y contendores. En su caso, si bien estos últimos resultan sonoramente mayoritarios en rigor ocurre que no lo son. Todo lo contrario. Son la minoría perteneciente al espectro de la progresía caviar que, manipulando a la opinión pública –a través de la “gran prensa” que monopoliza los medios de comunicación imponiendo el dogma socialista– se ha encargado de aleccionar perversamente a nuestra sociedad para que abomine al cardenal Cipriani, a quien los progre repudian por no comulgar con el credo ateo, agnóstico y contestatario del socialismo sudaca. Con mayor énfasis todavía cuando se trata de un religioso influyente y carismático. Y con muchísimo mayor intensidad aún si hablamos de una autoridad con prestigio y significativa empatía entre la gente. Como lo registra el ejemplo de Juan Luis Cipriani, quien el 21 de enero pasado celebró sus 17 años como Cardenal del Perú y que hoy, próximo a cumplir 75 anos de edad, deja el cardenalato en manos de monseñor Pedro Barreto Jimeno. Más de década y media como cabeza de la Iglesia Católica peruana es una clarísima comprobación de la inteligencia, sagacidad y solidez personal de monseñor Cipriani. Mal que le pese a esa políticamente correcta izquierda nacional. En especial al clero caviar que indignamente se ha prestado a convalidar muchas de las campañas de difamación ensambladas por el socialismo nativo contra el cardenal Cipriani.

Cipriani es Doctor en Teología, especialidad que en su condición de profesor de la Universidad Católica enseñó a muchas generaciones. Claro, aquello ocurrió mientras dicho centro universitario no estuvo en manos de la intolerante secta progresista que, a raíz de la caída del régimen fujimorista, consolidó la ilícita apropiación de todos sus activos para luego traicionar su programa ideológico hasta colocarlo al servicio del socialismo criollo. En este escenario Cipriani desplegó un extraordinario esfuerzo para reencauzar el destino original de la Universidad Católica impreso por su mecenas José de la Riva Agüero y Osma, y temerariamente desconocido por los avendaños, lerner, rubios, etc. Gente que vergonzosamente pisoteó la voluntad de Riva Agüero forzando una “interpretación auténtica” de su Testamento orientada a confiscar la propiedad de la universidad, para endosársela fácticamente a los representantes de la progresía. Por ello Cipriani se hizo merecedor de la inquina y el incordio del socialismo, traducido en una oprobiosa campaña de desprestigio personal.

Anteriormente el cardenal Cirpiani cumplió un rol vertebral en defensa de la sociedad durante los aciagos años de terrorismo. Lo hizo como Arzobispo de Ayacucho, región en cuya universidad se gestó el genocida sendero luminoso. Cipriani pasó largos años allá aguantando firmemente los estragos de esta lacra del horror y predicando serena pero activamente contra sus letales doctrinas. Como tal, es y ha sido un convencido –y justificado– crítico de la sesgada CVR, ente dedicado nada menos que a victimizar a los terroristas y a criminalizar al Estado.

Los peruanos le debemos mucho al cardenal Cipriani.

 

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