Columnista - Luis Garcia Miró Elguera

Humala, Kuczynski, Vizcarra y el chavismo

Luis Garcia Miró Elguera

15 oct. 2019 03:20 am
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Se complica el panorama porque la izquierda chavista empuja a Vizcarra para meterse por la puerta falsa y cambiar nuestra Carta Magna por una vil constitución calcada del socialismo bolivariano del tercer milenio. La izquierda criolla se siente ganadora tras el golpe de Estado ejecutado por Vizcarra. Cierto que ahora domina el aparato estatal y cuenta con el respaldo de la prensa encanallada. Aquella misma prensa traidora que en tiempos de Velasco, julio 1974, fue confiscada por esa izquierda a la cual ahora no solamente aplaude sino defiende. Esa misma prensa felona, amigo lector, que más temprano que tarde acabará nuevamente devorada por la izquierda que ahora adula al chavismo.

Pero repasemos los orígenes de la actual coyuntura revolucionaria patrocinada por los rojos y ejecutada por el golpista Vizcarra. No cabe duda de que el cleptómano Ollanta Humala fue financiado por el impresentable Chávez en la campaña electoral de 2006. Las agendas de Nadine lo confirman irrebatiblemente. Su misión fue abrirle las puertas del Perú al chavismo cuya expansión regional se encontraba en pleno apogeo. Ollanta perdió la elección. Insistió en 2011. Pero en esos momentos Lula ya no acepaba la supremacía de Chávez. El Partido Comunista de los Trabajadores de Brasil, ejecutor de los acuerdos del Foro de Sao Paulo –cenáculo marxista latinoamericano-, se había puesto a ordenes de Lula para orquestar el avance imperialista brasileño camino a conquistar toda la región. Lula, a su vez, urdiría la trama financiera indispensable para la compra de politicastros en la región a través de la corrompida y corrompedora Odebrecht. Antes, dicha labor la cumplía Chávez. Pero el año 2011 era casi imposible el dispendio de los petrodólares del arruinado pueblo venezolano. Habían empezado a crujir las cuadernas de las finanzas venezolanas. En esa oportunidad, elecciones del 2011, ganó Humala con el respaldo multimillonario de Brasil/Odebrecht. Lo demás es historia meticulosamente registrada por las mismísimas agendas de Nadine.

Ollanta se dedicó a desarmar aquel exitoso programa económico que, de manera meritoria, logró que el mundo hablase del “milagro peruano”. Humala estuvo en lo suyo. Militar resentido, se dedicó a llenarse de millones mientras su gente destruía nuestro aparato productivo. Luego llegó Kuczynski. 72% de la población votaría en 2016 por el centro político nacional. Pero en vez de ser leal a sus principios ideológicos y consecuente con el voto de sus electores, Kuczynski traicionó al país aliándose con la progresía marxista, convencido de que compraba una póliza de seguro que le haría disfrutar un insuperable lustro como presidente de la República. La coronación de sus ambiciones.

Kuczynski acabó por las patas de los caballos, enredado en una trama de corrupción y envuelto en un enjambre de mentiras. Lo sucedió su vicepresidente Vizcarra, quien obtuvo el cargo gracias al voto del centroderecha peruano. Después fue ungido jefe de Estado con los votos del partido centrista Fuerza Popular, al cual traicionaría como hizo Kuczynski con sus electores centroderechistas.

Hoy, por culpa de este triángulo de traidores el Perú galopa de manera suicida rumbo al chavismo corrosivo.

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