Columnista - Luis Garcia Miró Elguera

La Fiscalía no investiga a Odebrecht

Luis Garcia Miró Elguera

16 oct. 2019 03:20 am
A+

El cable anuncia el arresto de doce fiscales de la división Federal de Impuestos de la Fiscalía de Brasil, equivalente a la sección de delitos tributarios del Ministerio Público peruano. Fueron detenidos por la Policía de Río de Janeiro del vecino país acusados de sospecha de haberle cobrado sobornos a los imputados de la trama Lava Jato. Es decir, los gatos habrían estado fungiendo nada menos que de despenseros. Una coyuntura bastante probable, dado que la mafia constructora brasileña -que tiene a Odebrecht como su principal portaestandarte- mantiene un poderío fenomenal que sigue imponiéndose en todos los estamentos brasileños: Política, Judicatura, Fiscalía, Policía, medios de comunicación, etc.

“Uno de los fiscales detenidos, llamado Marco Aurelio Canal, integraba nada menos que el equipo especial Lava Jato” –según la agencia informativa- “es considerado el jefe de la organización delictiva que tenía acceso a todos los detalles fiscales de los investigados, los cuales utilizaba para exigirles coimas a cambio de la reducción o la cancelación de las multas por evasión de impuestos.” Los puntillosos del chisme dirían: “cualquier semejanza con lo que ocurre o pudiese ocurrir en nuestro país respecto al affaire Lava Jato –específicamente alrededor de los procesos que implican a la corrompedora Odebrecht- es meramente casual”. Pero sucede que las similitudes entre lo que se ha destapado en Brasil y lo que estamos viendo que ocurre acá son muchísimo más cercanas a la realidad de lo que uno pudiese imaginar. En el Perú, sencillamente Odebrecht manda. Así de simple. Y manda tanto en el Ejecutivo como en la Fiscalía. Todavía no se sabe si ocurre lo mismo en el Poder Judicial, porque sus expedientes sospechosamente aún permanecen encriptados en el Ministerio Público.

Sin embargo, todo lo que gira alrededor del “acuerdo” pactado entre los fiscales Vela Barba, Domingo Pérez y la empresa más corrupta de Latinoamérica, evidentemente huele muy mal. La verdad es que este par de guerrilleros divos –que exhiben un apoyo realmente grosero del presidente Vizcarra hacia ambos- hacen lo que les viene en gana con los expedientes Lava Jato relacionados con Odebrecht. Para empezar, Rafael Vela y Domingo Pérez han decidido no investigar a Odebrecht. Ellos consideran que su obligación estriba en exigirle al Estado que condone los delitos que Odebrecht ha cometido como empresa; que perdonen todos los crímenes que han perpetrado sus dueños; y encima que no se les cobre un céntimo por indemnización. A juicio de Vela Barba y Domingo Pérez, esta es la condición sine qua non para que Odebrecht les cuente la verdad de lo que ha ocurrido. En otras palabras, Vela y Pérez no investigan. Eso no es para ellos. Su misión es el exhibicionismo, la prepotencia, y finalmente el abuso de poder como arma de chantaje. Sólo esperan que la corrompida Odebrecht les facilite “toda” la información –como identificar a quién responden los “codinomes”, sabiendo que la cooperación suiza nos lo ha ofrecido- a cambio de amnistiar a sus directivos y dueños y no cobrarle por los daños que han perpetrado al país.

Post Relacionados

La peste, Camus 1947

El País publicó un comentario sobre La Peste (Camus 1947), diciendo que la pandemia Covid-19 la ha colocado entre los títulos más buscados del momento. La nota analiza aquella “Exhortación a los Médicos de la Peste”, brillantemente redactada por el autor. Cae a pelo, en estos tiempos de desconcierto y alarma. Según el artículo “Los

Vizcarra insiste en agudizar la crisis

La inactividad, pública y privada, afecta el tejido económico. De otro lado la pérdida de empleos genera un nefasto impacto social en la economía. Consecuentemente ambos efectos diezman el aparato productivo, conduciéndolo hacia una recesión que acabará afectando no solamente el empleo, sino las economías públicas y privadas. En síntesis, el desempleo reduce el mercado,

¿Qué hacer, al día siguiente?

El Fondo Monetario Internacional FMI viene estudiando las contingencias –y posibles soluciones– para solventar, en la medida de sus posibilidades, esta inimaginable crisis macroeconómica internacional desatada por la pandemia Covid-19. Van dos meses de parálisis mundial y el costo de semejante forado es –hasta hoy– sencillamente colosal. Falta ver todavía si la reapertura de actividades