Luis Garcia Miró Elguera

Luis Garcia Miró Elguera

EL MUNDO AL REVÉS

Acerca de Luis Garcia Miró Elguera:



La historia no perdonará a Castro

El mundo al revés

La izquierda universal pondera a Fidel Castro como uno de los dioses del Olimpo. Los panegíricos que hemos ob­servado tras su muerte son verdaderamente cursis, aparte de inmerecidos y provocativos. Sin perjuicio de recordar el característico despotismo y la permanente incongruencia de los socialistas –cuando tratan de elevar a los altares a al­guno de los suyos– es evidente que los encomios a Castro –tirano-asesino en serie, dizque amparado en la necesidad de transformar las estructuras a punta de ferocidad, tal como lo hicieran sus arquetipos Lenin, Stalin, Mao, etc.– es evidente que al mundo socialista se le ha muerto el último prohombre. Y tiene apuro, penuria y obligación por convertirlo en ícono, a los efectos de calafatear las grietas de la crujiente cubierta de su galera, que viene haciendo agua desde el desmorona­miento del Muro de Berlín. Porque sólo en base a mitificar a un irreverente, violento y carismático líder –como fue Cas­tro– la disminuida gauche internacional cree que puede re­componer su carcomida estructura y cuestionada ideología, considerando que ahora atraviesa por una crisis de liderazgo de enormes proporciones. Ahí el frenesí hacia la figura de “el comandante”.

Sin embargo si la izquierda fuese solidaria, honesta y sincera, como pregona siempre, en vez de anteponer sus atronadoras loas al ejecutor del oprobioso “paredón” –donde Fidel Castro y sus secuaces dieron rienda suelta a su entraña sanguina­ria, fusilando cobardemente a miles de inocentes que no se prestaron a convalidar la comunización de su país– primero debió dejar que se expresen las víctimas de Castro. Los hijos y nietos de esos miles de cubanos que fueron asesinados, al igual que los tres millones de exiliados que, despojados de sus bienes, tuvieron que abandonar la isla dejando atrás a sus familiares. Lo mismo que aquellos incontables cubanos que, a lo largo de 57 años de feroz dictadura, han sufrido carcelería, tortura, humillación y violación de sus derechos universales, tan solo por oponerse al pensamiento totalitario castrista.

El dictador-asesino Castro –un narciso-vanidoso transmuta­do durante años en momia viviente por la “célebre” medicina cubana, a un costo jamás revelado pero que lo pagó el país, nunca él– murió aburguesado en una fina cama al interior del palacete que, con dinero del pueblo, se hizo construir, dotado de todas las holguras y comodidades –lujos absolutamente inimaginables para el pauperizado pueblo cubano– demos­trando que su “revolución” no fue sino una excusa para apro­piarse de Cuba durante casi seis décadas, para vivir como millonario a expensas de la sociedad cubana sumida en la pobreza más extrema y en el atraso más repudiable en ple­no siglo XXI. La historia jamás perdonará sus crímenes ni sus delitos contra las libertades universales y los derechos huma­nos. Como tampoco absolverá su vesania de prolongar un tercamente fracasado régimen comunista, impuesto por la ex-URSS en Latinoamérica, con el agravante de haber inten­tado exportarlo él mismo, a sangre y fuego, al subcontinente.

Este es el símbolo que la izquierda mundial quiere perennizar como deidad histórica. No permitamos que engañe tan fácil, como groseramente, a la gente.



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