Luis Garcia Miró Elguera

Luis Garcia Miró Elguera

EL MUNDO AL REVÉS

Acerca de Luis Garcia Miró Elguera:





La ira popular está justificada

Barata paraliza investigaciones judiciales por corrupción de Odebrecht”; “Todo vuelve a cero”; “Toledo, Humala y PPK no serán investigados”; “Las empresas consorciadas con Odebrecht ya no serán juzgadas”; “A 100 días de Vizcarra un 78 % percibe que el país está estancado”; “Vizcarra visita a Kuczynski en su casa”; “Peruanos le ponen 06 de nota al Congreso”; “75 % desaprueba la labor del presidente del Legislativo”; “BVL cerró a la baja ante caída de precio del cobre”; “Condenan a magistrado por negociar resolución”; “Siguen los asaltos en Lima”, etc. Estos son algunos de los titulares con los cuales despertaron ayer los peruanos. Igual que ocurre todos los días en este país. Un incesante bombardeo de malas noticias trufadas fundamentalmente de hechos que revelan que la corrupción va ganándole la batalla al Estado, y que los gobernantes, así como la cúpula del poder político, mediático, empresarial, etc., siguen haciendo de las suyas, al extremo que los jueces y fiscales sucumben frente a este obsceno poderío. Hablamos entonces de hechos que crispan, indignan y soliviantan a nuestra sociedad y que, con certeza, desde hace ya un buen tiempo vienen engendrando un movimiento colectivo de proporciones y características radicales que, a no dudarlo, nos advierten de una explosión social incontrolable y sumamente peligrosa. Quien no quiera ver esta realidad es tonto.

Si algo exacerba la furia popular –en el sentido amplio del término; vale decir, no solo en las capas menesterosas sino sobre todo la clase media– es que hace décadas en el Perú se habla de corrupción. Quizá la primera vez que esta se graficó –y condenó de manera contundente– fue tras los videos grabados por Montesinos que reflejaron la repartija de millones a toda clase de personas para comprar conciencias como pago de favores al poder político. La irritación que produjeron esos videos –aplacada por la carcelería a muchos corruptos– se evidenció con el triunfo del primer sinvergüenza, Alejandro Toledo, que izó la banderola de la lucha contra la corrupción. Este miserable engañó al pueblo apenas llegó a palacio, pactando con la trama corrupta brasilera para robarle US$ 30 millones al Fisco. Aquel desengaño significó un golpe feroz contra la fe popular. Luego vino el también corrupto y canalla Ollanta Humala que, cobijado bajo el antifaz izquierdista, abanderó la “inclusión social” como caballito de batalla para embolsicarse ene millones de dólares, tal como lo registran las “agendas” escritas por su mujer. Finalmente Kuczynski arribó a palacio con el juramento de acabar con la corrupción. Lamentablemente al poquísimo tiempo tuvo que renunciar, enredado por sus vínculos previos con la mafia odebrechtiana.

En conclusión, al pueblo peruano no solamente lo han despojado de miles de millones de dólares que el Estado pudo destinar a construir, equipar y operar hospitales, escuelas, comisarías, etc., de primerísimo nivel en beneficio de la sociedad, sino que, además, lo han engañado unos falsos adalides que le pidieron el voto para llegar a palacio con el objeto de acabar con la podredumbre, e hicieron todo lo contrario. La ira popular está entonces plenamente justificada.





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