Luis Garcia Miró Elguera

Luis Garcia Miró Elguera

EL MUNDO AL REVÉS

Acerca de Luis Garcia Miró Elguera:





Los antisistema siguen ganando terreno

Melodramático y trágico el panorama del Poder Legislativo a partir de que Kuczynski, primero, y Vizcarra después –con mayor agresividad–, emprendieran una campaña de descrédito contra el denominado primer poder del Estado. Y particularmente contra los parlamentarios del Apra y Fuerza Popular. Es evidente que este Congreso nunca pudo alcanzar el nivel que el país esperaba. Gran parte de la responsabilidad de semejante deficiencia recae en Fuerza Popular. Y particularmente, en su líder Keiko Fujimori.

A lo largo de tres años de actividades el comportamiento de esta agrupación –que el año 2016 instaló una bancada mayoritaria con 72 legisladores– es sin duda muy menguado en cuanto a la generación de normas trascendentes. Y todavía con mucho peor talante en lo que concierne a proponer las reformas estructurales que tanta falta le hacen a nuestro Estado disfuncional. Pero al margen de estas de por sí graves deficiencias –en el desempeño de una tienda política que mantuvo significativo arraigo popular hasta hace muy poco– su brazo partidario ha demostrado carecer de profesionalismo. Y más aún, de sensibilidad para defenderse del lógico embate de sus rivales –más bien enemigos– políticos. Pruebas al canto.

Desde el primer momento Keiko no supo poner en su sitio al expresidente Pedro Pablo Kuczynski, apenas éste emprendiera aquella procaz campaña para fomentar el transfuguismo entre los legisladores naranja. “Voy a jalarme a 30 congresistas de Keiko”, fue el grito de guerra pepepekausista que la líder del fujimorismo no supo calibrar. Como tampoco midió lo que el oficialismo denunciara como “obstruccionismo opositor”. Un jingle que la prensa antifujimorista se encargó de convertir en corrosiva campaña mediática contra la mayoría congresal. Repetimos, en vez de poner en su lugar a PPK –denunciando su atentado antidemocrático– la mayoría legislativa al mando de Keiko entró en tirabuzón perdiendo el norte, cayendo en la nadería y pisando el palito del obstruccionismo, adicionándole un cariz altanero.

Todo ello atizó el fuego de un oficialismo enconado por maña de la progresía marxista que cobijara PPK traicionando así a sus electores. Semejante fórmula tóxica desestabilizó a Fuerza Popular, haciendo que Keiko pierda una docena de parlamentarios –liderados por Kenji–, todo lo cual dejó seriamente debilitada al resto de su bancada. Lo demás es historia. PPK continuó con su delirante fijación contra Fuerza Popular y, cual serpiente en el Paraíso, sensualizó a Kenji y a sus avengers prometiéndoles el indulto a Fujimori padre. Pero definitivamente le pifió el taco al momento de intentar la carambola, y PPK terminó en la hoguera de sus vanidades, mientras Alberto Fujimori veía frustrada su brevísima libertad tras anulársele el malhadado indulto. En síntesis, todo salió mal.

Hoy contemplamos a una bancada fujimorista floja, mermada, dividida –hasta medrosa– con sus integrantes desorientados tras la prisión de su líder y en orfandad por falta de dirigencia partidaria. De salir en libertad, Keiko debe rodearse de la mejor gente para reorganizar su partido, revivir lo que constituye la única agrupación política con arraigo popular, y cerrarle el paso a los antisistema. Contribuiría a salvar nuestra democracia.





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