Columnista - Luis Garcia Miró Elguera

Los peruanos vivimos sin garantías

Luis Garcia Miró Elguera

21 abr. 2019 03:30 am
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Muerto Alan García –el único estadista que ha producido este país desde el último tercio del pasado milenio– necesitamos reevaluar la preocupante situación en la cual nos ha postrado tanto gobernante antidemocrático o inepto que se aupara al poder tras la primera gestión de García. Por más desafortunada que ésta hubiese sido. Pero asimismo debemos interiorizar una viva voz de alerta, como la que ha dejado el presidente y demócrata por excelencia Alan García, plasmada en un conmovedor mensaje dado a conocer tras su infortunado fallecimiento incordiado por un régimen pusilánime.

García fue: 1) demonizado por una prensa canalla vendida al oficialismo que dinamitó su imagen a base de rumores, trascendidos y suposiciones, sin exhibir pruebas; 2) hostigado por intrigas tramadas por una mafia marxistoide que se adueñó del poder producto de la insensatez y necedad de Humala, Kuczynski y Vizcarra, tres improvisados que alcanzaron la presidencia sin capacidad de gobierno y cedieron su mando al progresismo caviar a cambio de permanecer en Palacio; y 3) perseguido abusiva, implacablemente por una fiscalía politizada –al estilo soviético– que ahora opera impune y delictivamente en nuestra nación.

Repasemos algunas frases de este estremecedor –por las circunstancias y el momento en el que fue escrito– testamento político dejado por el dos veces presidente del Perú, Alan García Pérez.

Cumplí la misión de conducir al aprismo al poder en dos ocasiones e impulsamos otra vez su fuerza social (…). Por eso y por los contratiempos del poder, nuestros adversarios optaron por la estrategia de criminalizarme durante más de treinta años. Pero jamás encontraron nada y los derroté nuevamente, porque nunca encontrarán más que sus especulaciones y frustraciones (…) Por muchos años me situé por sobre los insultos, me defendí y el homenaje de mis enemigos era argumentar que Alan García era suficientemente inteligente como para que ellos no pudieran probar sus calumnias. No hubo ni habrá cuentas, ni sobornos, ni riqueza (,,,). Nunca podrá haber precio suficiente para quebrar mi orgullo de aprista y de peruano. Por eso repetí: otros de venden, yo no (…) alcanzadas las metas que otros países o gobiernos no han logrado, no tengo por qué aceptar vejámenes. He visto a otros desfilar esposados guardando su miserable existencia, pero Alan García no tiene por qué sufrir esas injusticias y circos. Por eso les dejo a mis hijos la dignidad de mis decisiones; a mis compañeros, una señal de orgullo. Y mi cadáver como una muestra de mi desprecio hacia mis adversarios porque ya cumplí la misión que me impuse (…)”.

Nuestra democracia viene siendo violada por persecuciones totalitarias que impulsan quienes se oponen al aprismo y fujimorismo. Una intolerancia avivada por el fascismo más abyecto que está generando la muerte por mano propia de sus primeras víctimas. Como García. Gente perseguida sin tregua ni pruebas de delito. Peruanos deshonrados/encarcelados sobre la base de lucubraciones apoyadas en la fabricación de rumores falaces –estilo Joseph Goebbels– que optan por inmolarse antes de ver arruinado su honor y/o soportar la tortura de una ilegítima condena carcelaria.

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