Luis Garcia Miró Elguera

Luis Garcia Miró Elguera

EL MUNDO AL REVÉS

Acerca de Luis Garcia Miró Elguera:



Ni democrático ni constitucional

El secuestro del Perú por una cúpula marxista jamás elegida por sus ciudadanos, ¿es o no un golpe de Estado? ¿Fue democrático y constitucional que el vicepresidente Vizcarra -elegido como transacción política por el Parlamento para reemplazar al expresidente Kuczynski imputado por corrupción- pervirtiera esta decisión contemplada en nuestro Estado de Derecho cerrando el Congreso que lo designó para completar el mandato que le quedaba al gobierno? Peor si, cual dictador, decidió luego enquistarse en Palacio para manipular este país mediante ucases llamados decretos de urgencia?

La primera pregunta merece especial atención. En abril 2016, setenta y dos por ciento de los peruanos votaron por el centroderecha. Antes de postular a la presidencia por segunda vez, Kuczynski jamás en su vida había sido zurdo, socialista, socialconfuso o simpatizante de cualquier otra orientación ligada a las izquierdas. Menos aún cuando, por apenas 42,000 votos, ganó aquel repechaje mientras ya frisaba los ochenta años. Sin embargo, apelando a sus poderes fácticos la progresía marxista lo chantajeó para que la incorporase en su gestión. Caso contrario –conociéndole el curriculum vitae- le declararía la guerra santa hasta echarlo del sillón presidencial y encerrarlo en algún penal. Los progre-marxistas se montaron y consolidaron así en la cúpula del poder sin que fuese imperativo defenestrar a PPK. Ni siquiera necesitaron mover un dedo para que Kuczynski se alejara de Palacio. Les bastó abalanzarse como hienas contra él tan pronto Alberto Fujimori le insinuase sellar un pacto para salvarlo de la amenaza del impeachment promovido por las huestes de su hija Keiko, a cambio de concederle el indulto presidencial que buscaba el también octogenario Fujimori. El resto es historia.

Una historia sinuosa y depravada que surge cuando algunos asesores sanisidrinos de PPK le sugirieron “mestizar” su plancha presidencial, incorporando a un provinciano. Y escogieron… a Martín Vizcarra. Vizcarra fue cómplice de PPK mientras le sirvió como vicepresidente y ministro de Transportes. Hasta que percibió el contubernio Kuczynski-Fujimori. Entonces se exilia en Canadá. Desde allí enhebra una relación secreta con la gente de Keiko Fujimori -siempre tan equivocada al escoger- para tramar su regreso al Perú convertido ya en presidente sustituto, propuesto por un Congreso cuya mayoría ejercía Keiko. Heredó un Estado ya secuestrado por los progre-marxistas, cortesía de PPK. Pero Vizcarra decidió seguir gobernando con ellos. Han transcurrido tres años y medio y el Perú ha sido transformado en coto de la progresía caviar. Una organización criminal, siniestra, dedicada a monopolizar todos los estratos de la nación a partir del dominio absoluto del Ejecutivo. En forma paralela, cuenta con el control incondicional de los “grandes medios de comunicación”, ilícitamente asociados al Ministerio Público para que les filtre reservadas informaciones, audios, videos, etc., de los opositores del régimen. Igualmente hace ostentación del férreo control que mantiene sobre la Policía política y el Poder Judicial. Con ello abarca todos los ejes necesarios para manipular a su gusto el país. Como preguntáramos al empezar esta reseña, ¿acaso alguna vez, amable lector, los progre-marxistas han sido electos democrática, constitucionalmente en las urnas por el pueblo peruano?



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