Columnista - Luis Garcia Miró Elguera

¡Petroperú nos roba escandalosamente!

Luis Garcia Miró Elguera

3 abr. 2020 05:11 am
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Los peruanos pagamos uno de los precios más caros del planeta por los combustibles de mala calidad que nos venden empresas duopólicas, como son Petroperú y Repsol. Siendo la primera estatal, es la que sienta el precedente de producir costosísimas gasolinas, diésel, etc., altamente contaminantes, lo que permite a la segunda ofrecer productos similares aunque ligeramente menos tóxicos. Pero, eso sí, ambas coinciden en el precio de los derivados del petróleo que nos proveen -tan solo con centésimas de centavos de diferencia entre una y otra- “guardando las apariencias” de no ser un duopolio.

La razón de ser de este cartel de combustibles no es sino la existencia de Petroperú. Un empresa estatal dedicada a refinar y comercializar derivados petroleros, en un país que solamente produce 12% del crudo que necesita para convertirlo en combustibles. Porque, como toda empresa pública, Petroperú es ineficiente y tradicionalmente ligada a hechos de corrupción. Por tanto, sus ineficiencias y consecuentes sobrecostos son tradicionales. Y la “competencia” –Repsol- aprovecha esta realidad para colocar sus productos apenas a centésimas de sol por debajo de Petroperú, cuyos precios flotan entre cinco y diez veces por encima del promedio mundial. Pero si hasta acá las cosas son insufribles, resulta que Humala decidió que Petroperú construya la refinería más cara del universo. Lo que en el mercado vale US$1,500 millones –para una planta de refine de 90,000/bbdd- a Petroperú acabará significándole US$6,500 millones. Pero no le costará a Petroperú ni al Estado, amable lector. Sino que le costará a usted. Pues aún cuando la refinería de Talara hace un lustro que sigue en construcción -cortesía de la connivencia entre Humala (el promotor) y Kuczynski/Vizcarra (los ejecutores)- la planta de marras aún no funciona. Aunque usted sí viene pagando el combustible más caso del orbe. Esto porque Petroperú no tiene cómo pagar la deuda que ha asumido – tiene préstamos venciendo- y traslada esos sobrecostos al usuario de sus productos. Que somos los peruanos. De aquello aprovecha Repsol para igualar tales precios y, consecuentemente, realizar unas utilidades fantásticas. El círculo vicioso del que nadie habla. Porque la izquierda –que domina a los “grandes medios de comunicación” y las empresas estatales- es fanática del Estado empresario. ¡Y Petroperú es el símbolo de esta plaga empobrecedora y corrompedora llamada “empresas públicas”!

Pre Covid-19, el precio mundial del barril de petróleo estuvo debajo de US$40. Hoy, en US$20. Pero los comburentes que pagamos los peruanos siguen fijados a la base US$100/BB. ¡Un crimen! Porque a partir del costo de los combustibles se establecen la inmensa mayoría de precios de productos y/o bienes y servicios en el país. Es decir, Petroperú es un factor de robo. Tanto al ama de casa, víctima final del encarecimiento de las cosas en el mercado nacional, como al propio Estado, que se perjudica porque muchos productos que deberíamos exportar no consiguen mercado debido a que se encuentran fuera de competencia por el sobrecosto que llevan, como consecuencia del escandaloso precio de los combustibles que vende Petroperú. Tamaño escándalo, nadie lo investiga.

¿Por qué?

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