Luis Garcia Miró Elguera

Luis Garcia Miró Elguera

EL MUNDO AL REVÉS

Acerca de Luis Garcia Miró Elguera:

Prejuicio contra la derecha

Sostener sin complejos que uno es de derecha en este atribulado país implica meterse en problemas. Un país, donde la izquierda proclama cada hora defender la libertad de expresión, no obstante arremete implacable, violentamente, contra aquel que se atreva siquiera a pensar diferente al dogma socialista. Las consecuencias de declararse de derecha es recibir el ataque vitriólico de los zurdos, incluyendo calificativos extremos como fascista, explotador o miserable. Pero claro, cualquier difamación proveniente de las canteras izquierdistas es un diploma de honor. Porque la verdad es que la opinión de los zurdos en este país está absolutamente devaluada. Su esencia cargada de hiel e incordio es un pasivo que jamás podrá superar el socialismo sudaca, mientras siga mintiendo y zafando cuerpo a base de hipocresías, medias verdades o simple falacia.

Sin embargo merecer el apelativo de derechista –trufado de blasfemias como abusivo, negrero, cicatero, avaro, canalla, abyecto, etc. – ciertamente espanta a los políticos peruanos que piensan como derechistas pero que para evitar ataques rebautizan sus principios agregándole el prefijo “centro” para obtener alguna misericordia de las canteras rojas. Compasión que por supuesto jamás recibirán. Porque los zurdos son doctrinales, extremadamente dogmáticos y fundamentalmente obstinados en defender su credo como pensamiento único, al mismo estilo del implacable comunista Mao Tse Tung. Es más, la hipocresía de la izquierda la lleva a reprochar, por ejemplo, que se le enrostre su apego por la violencia –partera de la historia, Marx dixit– a raíz de las revoluciones que ha desatado desde sus orígenes como instrumento de conquista social. Precisamente el mismísimo mensaje pregonado por el terrorismo genocida de sendero luminoso. De otro lado, la podredumbre que corroe a la izquierda en todo el mundo la disimula bajo el manto protector que le otorga la llamada gran prensa –local e internacional– dedicada fundamentalmente a destapar los escándalos de corrupción de la derecha mientras encubre los de la zurda. La inmoralidad y purulencia de los Lenin, Stalin, Trotsky, Castro Ruz, Chávez, Maduro y tantos otros adalides izquierdistas –igual ocurre acá con Susana Villarán, Verónika Mendoza, Marisa Glave, etc.– la esconde escandalosa y tramposamente el sesgado periodismo progresista debajo de su línea de flotación informativa, en tanto le echa leña al menor síntoma de corrupción en el ala derecha.

En España, por ejemplo, hay tantos o más casos de corrupción por el lado del partido socialista PSOE que por el del Popular de derecha. Pero los medios denuncian casi en solitario a estos últimos. Cuenta una anécdota, publicada en el ABC, que el censurado presidente español Mariano Rajoy, del Partido Popular, coincidió en una entrega de premios con una famosa actriz progresista, “que bordeaba los cuarenta años, viajada y supuestamente culta que, seducida por la simpatía y conversación de Rajoy, le espetó que estaba sorprendida por lo normal y encantador que podía ser alguien de derecha”, ya que aún pensaba que estas personas eran “fachos, o empresarios explotadores, o ejecutivos estúpidos”.

Evidentemente la izquierda ha hecho bien sus deberes, descalificando a priori a todo aquel que se exprese en sus antípodas.

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