Luis Garcia Miró Elguera

Luis Garcia Miró Elguera

EL MUNDO AL REVÉS

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Presidente Vizcarra favorece a la izquierda

¿Usted duda, amable lector, de que esta estrepitosa anarquía que se ha desatado en el país constituye el caldo de cultivo para que los ciudadanos voten en 2021 por algún demagogo socialista, con perspectivas tiránicas, como sucediera en Venezuela con el impresentable Chávez? Resultaría absolutamente pueril cualquier duda que pudiera exhibir la gente de que estamos próximos a alguna transformación de corte populista, socialista y pervertida. Las cartas ya están echadas.

Y las tensiones son cada día de mayor calibre. Hechos que revelan que, de aquí al año 2021, estaríamos empujando al Perú hacia un desfiladero de enorme profundidad. Cada hora aparecen acusaciones y surgen revelaciones –falsas o dudosas– que simbolizan que la democracia peruana ha fracasado. Y así enfilamos directo al desastre. Permanentemente el presidente del Perú se manifiesta como el principal instigador al combate social, despotricando de las cabezas de los poderes Judicial y Legislativo y de la Fiscalía.

Sermoneando desde Palacio en cualquier ceremonia oficial, o azuzando al pueblo en sus cotidianas giras al interior del país, el mandatario –y jefe del Estado– se comporta como un azuzador de multitudes dispuesto a deponer el orden constitucional so pretexto de salvar al Perú de alguna inexistente dictadura civil. Todavía más. Inculpa al Parlamento de comportarse antidemocráticamente, sin comprender –o tal vez entendiéndolo, aunque prefiriendo incordiar para sacar réditos en las encuestas– que lo que sucede en el Perú ocurre en toda nación donde prime la democracia. Vale decir existe el sector oficialista y el grupo opositor.

Y en caso el presidente Vizcarra lo desconozca, su deber como demócrata –asumiendo las responsabilidades que adoptó al aceptar la presidencia del país–, su rol es conducir a la sociedad por la vía de-mo-crá-ti-ca. Y la única manera de alcanzarlo es ejerciendo su papel de po-lí-ti-co. No esta tesitura tan confrontadora, instigadora y desafiante que ha asumido hace ya algunos meses.

Las pugnas, altanerías, los agravios, puyazos y ataques entre los más altos cargos del Estado peruano no solo alcanzan decibeles de arengas revolucionarias, sino que esos dicterios los instiga, con mayor ahínco, nada menos que el presidente de la República. Inclusive esta porfía se da al interior de organismos de la talla del Ministerio Público, desde donde fiscales de menor jerarquía arremeten contra su máxima autoridad. Aún más, un exfiscal de la Nación, arropado por un puñado de subalternos, acomete contra el actual jefe de la Fiscalía exteriorizando una caótica situación de zafarrancho.

Todo esto, amable lector, lo interioriza permanentemente la sociedad peruana. Y claro, cuál otra podría ser su reacción que indignarse contra el sistema democrático. Como corolario, la perseverancia en esta feroz crítica intestina –perversamente azuzada por los medios que controla la progresía caviar, verdaderos instigadores a la anarquía– tendrá un único resultado: demostrarle a la población que la democracia ha fracasado en el Perú. Lo cual automáticamente le abrirá las puertas a la izquierda revoltosa, que ya se frota las manos sabedora de que la derecha –encarnada por Kuczynski, Vizcarra y Aráoz– le viene sirviendo la mesa.

 





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