Luis Garcia Miró Elguera

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EL MUNDO AL REVÉS

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Regresaron las malas artes del fujimontesinismo

Comentábamos estos días las semejanzas que hay entre los regímenes PPK-Vizcarra y fujimontesinismo. Las tácticas usadas por ambos son similares, aunque envueltas en criterios y en directivas distintas. Por ejemplo, el dúo Fujimori-Montesinos se dedicó a someter a los fiscales y jueces aplicándoles el factor ultimátum: o se portan bien o los expectoro, denuncio, proceso y los condeno por cualquier motivo. Así se apoderó del Ministerio Público. Y obviamente, así ingresó al aparato jurisdiccional. Mientras que el régimen Kuczynski-Vizcarra, más refinado él, se acomodaba primero con un melifluo Pedro Sánchez, ex fiscal de la Nación. Hasta que reglamentariamente tuvo que dejar el cargo, reteniendo el trono en la Junta de Fiscales Supremos que elegiría a Pedro Chávarry por ser el fiscal más antiguo. Criterio que había acordado dicha instancia del Ministerio Público al designarlo a él. Pero Chávarry sabía demasiado sobre Westfield, Chinchero, etc. Entonces, en lugar de accionar con rudeza –como el fujimontesinismo solía hacerlo– Vizcarra articuló una sensual campaña de demolición contra Chávarry “porque dijo y se desdijo” que habría asistido a una reunión. Más de mil portadas y pantallazos en una semana lanzó la prensa canalla vendida al Gobierno, forzando así la renuncia de Chávarry. Hoy la Fiscalía es un coto de Palacio de Gobierno. Con el Poder Judicial ocurriría algo semejante. El fujimontesinismo reorganizó por decreto la Suprema. Mientras tanto la gestión PPK-Vizcarra inició otra campaña con sus esbirros mediáticos hasta lograr que renunciara Duberlí Rodríguez, ex presidente de la Corte Suprema, abriéndosele así la puerta grande del poder Judicial. En consecuencia los objetivos del fujimontesinismo y los del régimen PPK-Vizcarra han sido los mismos. La diferencia estriba exclusivamente en la manera de ejecutarlos. Con el Parlamento la pretensión fue equivalente: neutralizar a dicho poder del Estado. El fujimontesinismo sencillamente lo clausuró por la fuerza. Entre tanto Kuczynski-Vizcarra terminaron con él desatando una portentosa campaña mediática para desprestigiarlo, so pretexto que se encontraba “dominado por una mayoría corrompida”: los fujimoristas. A su turno el fujimontesinismo arrasó de plano la oposición. Igual remeda ahora PPK-Vizcarra. Incluso PPK-Vizcarra ha encarcelado a Keiko, con lo cual acortó la vía para apropiarse del control político más absoluto del país. Con los medios ocurre algo análogo. Fujimori-Montesinos distribuyeron bolsones rellenos de billetes de dólares entre los dueños de los principales canales de televisión y la prensa escrita para comprarles su “línea” periodística, registrándose aquello en videos grabados en la salita del SIN. Mientras que Kuczynski-Vizcarra han comprado las “líneas” periodísticas de sendos consorcios mediáticos a mérito de observar y luego derogar la ley –aprobada por un Congreso ahora inoperante– que prohibía la corruptela de la publicidad estatal. Esta permisividad corrompedora permite ahora al gobierno Kuczynski-Vizcarra disponer de partidas presupuestales próximas a S/ 1,000 millones anuales. Con estos recursos el Gobierno ha consolidado el apoyo de los principales consorcios mediáticos nacionales.

Apostilla. Si incorporásemos a la corrupción, concluida la investigación Lava Jato se confirmará que en los regímenes democráticos instalados tras la gestión Fujimori-Montesinos se ha robado varias veces más que durante otro gobierno.

Luis García Miró 

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